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Capítulo 1148:
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Leo comprendió de inmediato a quién se refería Jake, y su respuesta fue un tenue movimiento de cabeza.
«La evaluación del médico es sombría. Aunque salga adelante, hay un riesgo real de que siga atrapado en un estado vegetativo».
Las frágiles manos de Jake se agarraron a la barandilla de la cama, con los nudillos blancos y las venas tensas, como si fueran a reventar.
Todo el cuerpo de Jake pareció temblar, no de debilidad, sino de furia apenas contenida. Su voz cortó el aire como una cuchilla, fría y deliberada.
«Edgar conoce la profundidad de sus transgresiones. Sabe el ajuste de cuentas que se avecina».
Jake hizo una pausa, su agarre se tensó aún más.
«Transmite mi mensaje: pase lo que pase, debemos mantenerlo con vida. Lo necesito consciente, para que pueda enfrentar lo que ha hecho. Robarme a Kallie y a Elma, delante de mis propias narices… Se atrevió a jugar con fuego. Me aseguraré de que viva para lamentarlo».
Leo sabía que Jake no tenía verdadera intención de castigar a Edgar y de repente sintió una oleada de tristeza por él.
Jake, un hombre que había logrado tanto, ahora estaba en un castillo de naipes, las personas más cercanas a él se le escapaban una a una. Kallie había sido su ancla en un mar tormentoso. Ella y Elma le habían ofrecido un atisbo de esperanza, un futuro que no giraba en torno a intrigas y traiciones. Jake y Kallie estaban a punto de reconciliarse. Se habían hecho planes, se había imaginado una vida en el extranjero una vez finalizado el tratamiento de Elma. Un horizonte de paz parecía al alcance de la mano. Pero ahora, todo se había deshecho en un instante. Había estado tan cerca.
Leo luchaba con sus emociones, incapaz de expresar con palabras los sentimientos que se agolpaban en su interior.
Justo entonces, la voz de Jake rompió el pesado silencio.
«Leo, ¿crees que Kallie pertenece a Clayton?»
La pregunta dejó a Leo momentáneamente sin palabras. En el pasado, se habría apresurado a defender a Kallie sin dudarlo. ¿Pero ahora? La verdad flotaba en el aire como una niebla opresiva, innegable y sofocante. Además, la pregunta de Jake no era una exigencia de claridad. Ya había pensado así. Simplemente buscaba la negación de Leo, una razón para enterrar sus sospechas y engañarse a sí mismo.
Incapaz de soportar la visión del abatido estado de Jake, Leo replicó con amargura: «Señor Reeves, ahora no es el momento para esto. Lo que más importa es su salud. Descanse ahora. Yo me encargaré de los siguientes pasos».
Jake asintió levemente con la cabeza, con los ojos distantes.
Cuando Leo salió de la sala, la puerta se cerró tras él.
Leo no vio la lágrima que resbaló por la mejilla demacrada de Jake, trazando los contornos de su dolor.
Jake volvió la mirada hacia la ventana, donde la oscuridad se extendía sin fin, reflejando el vacío que había en su interior. Su rostro pálido, marcado por el dolor, parecía tan frágil como la porcelana a punto de romperse. Los ojos inyectados en sangre miraban fijamente a la noche, sin ver, perdidos en recuerdos que ahora le parecían crueles ilusiones.
Susurró un nombre, tan suave que pareció disolverse en el aire.
«Kallie…»
La sola palabra lo quebró.
Era la primera vez, desde la muerte de Roderick, que Jake sentía un dolor tan visceral, tan intenso. El tipo de dolor que no sólo perduraba, sino que se clavaba en el corazón.
Jake forzó una sonrisa, aunque apenas disimuló el veneno de sus palabras.
«Kallie, si de verdad querías tanto que me fuera, podías haberlo dicho. No eran necesarios elaborados planes. Una simple palabra tuya habría bastado».
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