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Capítulo 1075:
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«Hace frío», susurró.
En cuanto las palabras salieron de sus labios, el mundo se tambaleó. Antes de que Kallie pudiera reaccionar, Jake la había levantado con facilidad y la había llevado a la cama con paso decidido.
Cuando Kallie volvió a abrir los ojos, una suave luz matutina se colaba por las cortinas. Su cuerpo le dolía de tal manera que hasta el más mínimo movimiento le resultaba un esfuerzo, y sus extremidades estaban pesadas por el cansancio.
Una mano firme y cálida descansaba contra su cintura, y era imposible ignorar su presencia.
Su mente se quedó en blanco por un momento, atrapada en la neblina del despertar. Luego, como si se abriera una compuerta, los fragmentos de la noche anterior volvieron a su mente, y cada recuerdo era más vívido que el anterior.
El calor le subió a la cara cuando se dio cuenta. Miró la mano en su cintura, sus pensamientos un torbellino caótico de emociones que no podía nombrar. Sin embargo, a pesar de su confusión, la idea de huir no se le pasó por la cabeza. En cambio, se quedó allí, aturdida, con la mirada fija en esa mano como si tratara de darle sentido a todo.
La mano se movió y una voz profunda y ligeramente ronca rompió el silencio.
—¿Despierta?
—Mm —murmuró ella, con la voz apenas audible, mientras se hundía más en la colcha, buscando su reconfortante capullo.
La mirada de Jake se detuvo en ella, con un atisbo de confusión en su rostro. Aunque el alcohol había embotado sus sentidos la noche anterior, sus recuerdos permanecían intactos. Lo que había sucedido le parecía surrealista, como si todavía estuviera atrapado en un sueño vívido. Sin embargo, no era un sueño. La realidad de tener a Kallie a su lado le parecía sorprendente y preciosa.
Por un breve y egoísta segundo, Jake se permitió albergar un pensamiento peligroso. ¿Y si ella nunca recordaba su pasado? Libres del peso de sus viejos recuerdos, podrían dejar todo atrás —cada complicación, cada sombra— y empezar de nuevo.
Una vez que el pensamiento se había arraigado, Jake encontró difícil deshacerse de él. No era solo una ilusión. Parecía plausible, casi natural, sobre todo porque había pasado tanto tiempo sin que ella mostrara ningún signo de recordar su pasado.
Mientras Kallie se hundía más en el edredón, tratando de ocultar su vergüenza, Jake se rió entre dientes. La visión le divertía y, con un suave tirón, la levantó.
Pillada con la guardia baja, Kallie jadeó, sus ojos muy abiertos se encontraron con los suyos. La repentina proximidad hizo que su corazón se acelerara y el rubor de sus mejillas se intensificara. A pesar de tener más de treinta años, su físico era delgado y bien definido, y su franqueza la hizo luchar por mantener la compostura.
Sintiéndose abrumada por el momento, Kallie intentó sentarse, solo para hacer una mueca de dolor cuando un agudo dolor estalló en su cintura.
«¿No deberíamos vestirnos primero?». En cuanto pronunció esas palabras, se arrepintió. ¿Qué estaba diciendo? Su incomodidad era palpable, y la reacción de Jake solo la empeoraba.
Los labios de Jake se curvaron en una sonrisa genuina, su diversión era inconfundible. Rara vez se reía tan libremente, y Kallie no pudo evitar quedar momentáneamente hipnotizada por ello. Nunca lo había visto así antes, desprevenido, a gusto. Era casi como si estuviera viendo un nuevo lado de él, uno que no había notado que existía. Extendiendo la mano, Jake tocó suavemente su mejilla enrojecida, su toque ligero pero firme.
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