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Capítulo 1064:
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«Sabes que tengo razón. Jake no tolerará que nadie intente manipular a su familia, por muy astuta que creas ser. Querías que Sophie sufriera, que se sintiera humillada, pero al final, Jake estará a su lado. Así que adelante, pon a prueba mis palabras si te atreves».
La mirada de Lacey se dirigió a Sophie, con una expresión oscura de frustración. El tranquilo análisis de Kallie sobre sus motivos no dejó lugar a réplicas. De hecho, había esperado ver sufrir a Sophie, pero ahora estaba claro que la lealtad de Jake hacia su hija superaba con creces cualquier plan que Lacey tuviera en mente.
Regañada y humillada, Lacey se calmó. Pero las palabras de Kallie sonaban ciertas: la lealtad de Jake hacia su hija triunfaría sobre cualquier resentimiento, haciendo inútil el plan de Lacey. Una vez que el temperamento de Jake se calmara, empezaría a atar cabos. No era tonto, y los planes de Lacey, aunque calculados, solo servirían para aumentar sus sospechas.
Lacey reconoció con amargura que, sin aliados que respaldaran sus afirmaciones, su plan se estaba desmoronando. La casa de los Reeves funcionaba como una fortaleza: la lealtad era profunda y la autoridad de Jake era absoluta. Aunque había logrado sobornar a algunos sirvientes, su influencia sería mínima. Nadie se arriesgaría a hablar en contra de la hija de Jake. Al darse cuenta de su aislamiento, su expresión se ensombreció de frustración.
Kallie observó a Lacey con una tranquila satisfacción, sabiendo que sus palabras habían tocado una fibra sensible.
Kallie dejó escapar un suspiro de alivio y se volvió hacia Sophie, tomándola de la mano con un apretón tranquilizador.
—Vamos —dijo suavemente.
Sophie dudó, con los ojos llenos de preocupación.
—Mamá, ¿estás segura de que todo va bien?
—Todo va bien —respondió Kallie con una cálida sonrisa.
—No te preocupes, Sophie. Tu padre te quiere más de lo que crees. Un error como este no cambiará eso.
Sophie hizo un pequeño puchero, con los labios fruncidos en una línea desafiante.
—No me preocupa que se enfade conmigo. Me preocupa que se desquite contigo o, peor aún, que te eche de casa. Mamá, aquí estás más segura. Y, sinceramente, no necesito su amor. Solo te necesito a ti.
Las palabras de Sophie fueron seguidas de un sincero abrazo, su pequeño cuerpo se aferró con fuerza a Kallie.
El corazón de Kallie se enterneció, una mezcla de diversión y afecto brilló en sus ojos. ¿Siempre había sido Sophie tan pegajosa? Era un reflejo del cuidado que había puesto en sus hijos, un testimonio de su vínculo.
Kallie pensó brevemente en levantar a Sophie en sus brazos, como solía hacer cuando Sophie era más pequeña. Pero Sophie ya no era la niña que se acurrucaba contra su cadera.
Kallie sintió un punzada de nostalgia en el corazón al mirar a Sophie. Los recuerdos, fragmentados y esquivos, la llamaban, y anhelaba recuperarlos, aunque estuvieran teñidos de dolor. La idea de perderse los tiernos momentos de la vida de sus hijos le parecía una pérdida demasiado grande para soportar.
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