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Capítulo 945:
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Jenessa no podía moverse. Su cuerpo estaba paralizado, su rostro descolorido, sus ojos abiertos y fijos en la inmóvil figura de Ryan.
No podía apartar la mirada. Su pecho se tensó y sintió que el mundo se le venía encima. Era como si el aire se hubiera vuelto frío y pesado, presionándola por todos lados.
Esto no podía ser real. Tenía que ser una pesadilla, un sueño horrible.
Pero entonces, un dolor agudo y ardiente atravesó su estómago, cortando el entumecimiento y arrastrándola de vuelta a la realidad.
«Ryan…». Apenas pudo escapar de su voz, un susurro tan crudo que parecía arrancado de su garganta.
Las lágrimas nublaron su visión, pero luchó por mantenerse erguida, empujándose hacia delante con cada gramo de fuerza que le quedaba.
El dolor en su cuerpo era demasiado real, todo lo era. Esto no era un sueño. Esto estaba sucediendo. Y no había salida.
La desesperación de Jenessa se hizo más profunda, sus ojos hinchados apenas podían mantenerse abiertos. Destellos blancos y negros parpadeaban en su visión, el mundo se volvía borroso y giraba como si estuviera perdiendo el control de la realidad.
Ryan sintió que su cuerpo se movía por el impacto del choque, cada parte de él se sacudía e inestable, como si su cuerpo hubiera dejado de ser suyo.
No podía sentir el dolor, solo un entumecimiento frío que se apoderaba de él, alejándolo del mundo, haciéndolo sentir distante y desconectado.
«Jenessa, corre…». Su voz apenas se oía, débil y rota. A través de la niebla de su mente en desvanecimiento, la vio arrastrarse hacia él, sus movimientos lentos y borrosos, como si estuviera atrapada en la misma pesadilla de la que él no podía escapar.
No le quedaba nada que dar. Ni fuerzas para moverse, ni poder para salvarla de la pesadilla que se acercaba. Jenessa no lo oía. El mundo a su alrededor estaba amortiguado, su cuerpo pesado, cada respiración una lucha.
Con manos temblorosas, buscó su teléfono, sollozando mientras marcaba, cada segundo se alargaba dolorosamente.
Su voz se quebró, apenas un susurro.
«Ryan, aguanta… Por favor, que alguien nos ayude…»
Por fin se conectó la llamada. Jenessa exhaló temblorosa, el peso en su pecho le dificultaba hablar. Pero se las arregló para decirle al receptor su ubicación.
La llamada terminó rápidamente y el personal médico se dirigió al lugar.
Jenessa tiró el teléfono a un lado y se acercó a Ryan. Se encontró manchada con su sangre.
«¡Quédate conmigo, Ryan!», gritó presa del pánico.
En su miedo y desesperación, olvidó su propio dolor.
Ryan luchó por mantenerse despierto mientras la observaba intentar detener su sangrado.
«No tengas miedo», logró murmurar, a pesar del dolor que había abrumado su cuerpo.
Jenessa sollozaba, aún incapaz de aceptar lo que había sucedido.
Ambos se habían prometido un futuro lleno de felicidad. ¿Por qué estaba sucediendo esto ahora?
El accidente había atraído a un buen número de curiosos.
«¡Oh, no! ¿Qué ha pasado aquí? ¿Ha habido un accidente?».
«¡Hay tanta sangre!».
«¿Alguien ha llamado a una ambulancia? ¡Llamémosla!».
«¿Qué ha pasado exactamente?».
Estos eran los murmullos de la multitud mientras Jenessa luchaba por mantenerse despierta. Lo único que tenía en mente en ese momento era Ryan.
De repente, se oyó un grito.
«¡Oh, no, está embarazada! Tiene mucha sangre entre las piernas. ¿El bebé estará bien?».
Esto llamó la atención de Jenessa. Bajó la vista hacia sus piernas y vio un charco de sangre que se extendía.
Fue entonces cuando empezó a sentir un dolor intenso en el abdomen. El pánico se apoderó de ella al instante.
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