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Capítulo 836:
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«¡Sois todos unos horribles!», gritó ella, con los ojos brillando de furia. Ignorando las miradas asesinas en la habitación y la tensión que crepitaba en el aire, se dio la vuelta y salió furiosa, dando un portazo.
Jenessa se recuperó rápidamente de su aturdimiento, notando el rostro pálido de su abuela. Corrió a su lado, inundada de preocupación.
—Abuela, ¿estás bien? —Presionó suavemente el pecho de Noelle con la mano, animándola a respirar con regularidad.
—Está bien. Respira. Estoy aquí.
Jonathan, cuya ira se transformó rápidamente en preocupación, se agachó junto a su madre.
—Mamá, ¿estás bien? —Su voz temblaba mientras buscaba su teléfono.
—¡Llamaré al médico!
—¡No, no quiero al médico! Noelle jadeó, agarrándole del brazo.
«Solo… solo necesito un momento para descansar».
Lukas, que había permanecido en silencio durante la mayor parte del caos, apretó con fuerza la mano de Noelle. Frunció el ceño con frustración mientras miraba a Jonathan.
«Esto es culpa tuya. Has mimado a Hilda todos estos años, ¡y ahora mira lo que ha pasado! ¿Cómo ha podido decir algo así?».
La mente de Jenessa volvió a las odiosas palabras que Hilda había escupido hacía unos momentos.
Su madre, Julie, la única persona a la que se había aferrado en su corazón, había desaparecido con su padre, dejando tras de sí nada más que preguntas sin respuesta. A pesar de años de búsqueda, nunca había habido ningún rastro de ellos. Sin embargo, escuchar a alguien declarar con tanta frialdad que se habían ido…
El pecho de Jenessa se oprimió con una tristeza que había intentado enterrar durante mucho tiempo. Quedaba un destello de esperanza: que en algún lugar, de alguna manera, sus padres seguían vivos.
Jonathan inclinó la cabeza como si estuviera perdido en sus pensamientos. Suspiró profundamente, como si fuera lo único que pudiera hacer.
—Lo sé. Es culpa mía. No he sabido criarla como es debido.
Noelle, habiendo recuperado algo de compostura, puso una mano en el hombro de Jenessa.
—Jenessa, no dejes que las palabras de Hilda te afecten. Todos creemos que tu madre sigue viva. La encontraremos, y cuando llegue ese día, nuestra familia volverá a estar completa.
Jenessa se mordió el labio, tratando de reprimir la avalancha de emociones que se acumulaban en su interior. Asintió con la cabeza, su voz apenas un susurro.
«Sí, eso espero».
Antes de llegar, Jenessa había imaginado muchas situaciones. Le preocupaba que sus abuelos no le tomaran cariño o que su primer encuentro fuera rígido e incómodo.
Pero una vez que los conoció y empezaron a hablar, sintió una inesperada sensación de comodidad. La conversación fluida y la calidez natural de la familia la tranquilizaron gradualmente, alejando el mal recuerdo de las duras palabras anteriores de Hilda.
Mientras hablaban, a Noelle se le ocurrió algo de repente. Le dio una palmadita en el brazo a Lukas y le preguntó: «¿Dónde está el álbum de fotos que traje? Quiero que Jenessa lo vea». Lukas abrió mucho los ojos al darse cuenta.
«¡Ah, claro! Déjame recordar dónde lo puse».
Jenessa los observó mientras empezaban a buscar, y su curiosidad aumentaba. ¿Un álbum de fotos? ¿Podría contener fotos de su madre?
Noelle sacó rápidamente un álbum de su bolso y empezó a hojear las páginas, mostrándole cada una a Jenessa. Mientras Jenessa contemplaba una foto familiar, algo le hizo recordar. Era casi igual que la que Jonathan le había enseñado, pero el fondo era diferente. Sin embargo, las personas eran las mismas.
Noelle y Lukas parecían estar en la mediana edad. Jonathan parecía joven. Y estaba la mujer que se parecía a ella: su madre, Julie.
«Mira la foto de Julie. Jenessa, realmente te pareces a ella», dijo Noelle, con una sonrisa suave y pensativa.
Jenessa no respondió, sus ojos se fijaron en el rostro de Julie en la foto. Un sentimiento tranquilo y tierno se agitó dentro de ella al contemplar los rasgos de su madre. Esta era la mujer que la había traído a este mundo.
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