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Capítulo 820:
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Se levantó bruscamente, dejando claro que había terminado la conversación.
Los ojos de Hilda se abrieron como platos con incredulidad, su rostro enrojeció de ira.
«¿Cómo te atreves?», siseó.
«¿Cómo se atreve Sloane a ignorarme así?».
—¡Sloane! ¡Detente ahora mismo! —espetó Hilda, interponiéndose en el camino de Jenessa, con el brazo bloqueando el paso.
—Tienes mucho valor ignorándome. Podría hacer que mi padre cancelara vuestra colaboración hoy mismo. ¡Para mañana, estarás en la lista negra de la industria!
Jenessa suspiró, con las sienes palpitantes. No era la primera vez que Hilda montaba un berrinche.
—Muévete —dijo Jenessa con calma, con voz baja pero controlada.
Pero Hilda, desafiante como siempre, levantó la barbilla y se negó a ceder. Intentó agarrar la muñeca de Jenessa, pero esta fue más rápida y retrocedió justo a tiempo para evitar que la alcanzara. Frustrada y furiosa, Hilda levantó la mano, dispuesta a golpear.
—¡Basta! —la voz severa de Jonathan resonó, rompiendo la tensión. Su repentina aparición detuvo a Hilda en seco.
Se quedó paralizada, sobresaltada.
—¿Papá? No esperaba que volviera tan pronto. Rápidamente, trató de recuperar la compostura, fingiendo una falsa rectitud.
—¡Solo estaba dándole una lección a Sloane por ti, papá! Tomaste la decisión correcta al cancelar esa colaboración. Si no lo hubieras hecho, el Grupo Reynolds se habría sentido humillado.
Jonathan la miró fijamente, completamente desconcertado.
—¿De qué estás hablando? Nunca cancelé ninguna colaboración.
El rostro de Hilda se quedó en blanco. Sus ojos se dirigieron a Jenessa, cuya actitud tranquila solo parecía intensificar su frustración.
—¿Qué está pasando? —preguntó, volviéndose hacia su padre.
—¡Papá! —prácticamente chilló, elevando el tono de su voz.
—¿Por qué no has cancelado el acuerdo con esta zorra? ¿De verdad quieres que siga diseñando para nosotros? ¿Después de todo lo que te he contado sobre ella? ¡No es de fiar!
Jonathan frunció el ceño aún más, con una mirada fría.
—Hilda, ya basta. Muestra algo de respeto a Sloane.
—¿Respeto? —espetó Hilda, incrédula.
—¿Quién es ella para merecer mi respeto?
A los ojos de Hilda, Sloane no era nada, solo una chica sin antecedentes reales, sin pedigrí. Solo una mujer despiadada e irrespetuosa.
Pero las siguientes palabras de Jonathan destrozaron su mundo en un instante.
«Si aún no te has dado cuenta, Hilda, la persona a la que llamas Sloane va a ser tu prima. Y si alguna vez te vuelvo a oír hablarle así, no lo dejaré pasar».
Las palabras golpearon a Hilda como un puñetazo en el estómago. Abrió los ojos y dejó la boca abierta como si se le hubieran quedado los labios entumecidos.
—¡Papá! ¿Qué estás diciendo? —Su voz chirrió de nuevo, su mente luchaba por procesar las palabras.
—¿Prima?
Jonathan continuó, ignorando su sorpresa.
—¿Recuerdas a la tía que desapareció hace años, verdad? Jenessa es su hija. Nuestra familia.
La mente de Hilda daba vueltas. No le importaba en absoluto una tía perdida hace tiempo. Lo único que le importaba era la idea de que esta mujer a la que había despreciado, alguien a quien consideraba inferior a ella, de repente era familia.
—¡Imposible! ¡Eso es imposible! —Su voz se quebró, aguda por la incredulidad.
—¿Esta mujer? ¿Mi prima? ¡No! Está tramando algo, papá. ¡No puedes confiar en ella! ¡No te dejes engañar!
Jenessa se quedó quieta, dejando que el caos se desarrollara a su alrededor.
La paciencia de Jonathan finalmente se agotó.
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