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Capítulo 813:
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Si tan solo se hubiera quedado unos días más, solo unos días más, habría estado allí cuando Ryan más la necesitara. Lo habría sabido antes.
Ryan pudo ver la tormenta de culpa arremolinándose en sus ojos, y eso lo desgarró. Frunció el ceño mientras murmuraba suavemente: «No te hagas esto a ti misma. Es mi problema… Nunca quise que cargaras con esta carga».
Pero Jenessa negó con la cabeza, con las lágrimas aún fluyendo. Las palabras parecían inútiles; no había nada que él pudiera decir para calmar el dolor en su pecho. Ryan, sintiéndose impotente, le secó de nuevo las lágrimas con delicadeza, rozando su mejilla con el pulgar en una suave y silenciosa disculpa.
El tiempo se prolongó en un silencio insoportable, solo interrumpido por los silenciosos sollozos de Jenessa. Al final, el cansancio pudo más y ella se desplomó contra él, con los ojos hinchados y las pestañas aún húmedas. Parecía frágil, agotada por el dolor, y Ryan sintió que sus defensas se derrumbaban aún más.
Con un suave suspiro, la estrechó en sus brazos, acunándola contra su pecho.
—Está bien —susurró, aunque su voz temblaba, delatando su propia confusión.
Jenessa presionó su rostro contra su camisa, aferrándose con más fuerza. Su calor era reconfortante, un pequeño recordatorio de que, a pesar de todo, él seguía ahí. Y por un momento fugaz, el alivio se apoderó de ella.
Afortunadamente, no era demasiado tarde.
Estaban juntos de nuevo. Y aún tenían tiempo.
Ella se aferró a esa pizca de esperanza.
—Ryan —dijo suavemente, con la voz apenas un susurro, mientras tomaba su mano y la colocaba contra su vientre—, prométeme… prométeme que nunca volveremos a estar separados. Con nuestros hijos, siempre estaremos juntos.
Los ojos de Ryan brillaron, su respiración se entrecortó al escuchar sus palabras. Quería creerla, pero la realidad se derrumbó con más fuerza que la esperanza.
—Jenessa —dijo con voz ronca—, ya has visto los resultados. Estoy en las últimas etapas del cáncer de estómago. Puede que no tenga tanto tiempo.
Ella negó con la cabeza, la determinación brillando en sus ojos.
—No. No digas eso. Podemos encontrar los mejores hospitales, los mejores médicos. Puedes vencer esto. Sé que puedes.
Pero la determinación de Ryan ya estaba agotada. La miró fijamente, la batalla dentro de él era evidente.
—No lo entiendes… —dijo en voz baja.
—No hay garantías. Prefiero que sigas adelante, que encuentres la paz, que verte sufrir por esto conmigo. No quería que te ataras a una vida llena de pérdidas y dolor. —Su voz vaciló, como si cada palabra le costara.
—Solo quería que tuvieras la oportunidad de ser feliz… aunque eso significara dejarme ir.
Jenessa inmediatamente cubrió la boca de Ryan con la mano.
—Basta, Ryan. No deberías decir esas tonterías. No siento paz ni felicidad sin ti —dijo ella.
Ryan apartó suavemente su mano de su boca y dijo: —Tienes que entender mi punto de vista. Todavía eres joven. No puedo retenerte el resto de tu vida. Sería mejor que te fueras ahora. Me aseguraré de que tú y los bebés estéis bien cuidados en el futuro.
En el fondo, no quería que ella lo viera sufrir por esta enfermedad. La muerte sería una opción preferible a eso.
Jenessa se enfadó aún más al oír hablar a Ryan.
«Deja de hablar», dijo en voz alta antes de inclinar la cabeza y besarlo en los labios.
En ese momento, el mundo y todo lo que había en él pareció desaparecer, dejando solo a ellos.
El beso de Jenessa fue tierno y lleno de anhelo.
El corazón de Ryan pareció dejar de latir por un momento. Inmediatamente trató de apartarla. No quería ofrecerle esperanzas solo para romperlas una vez más.
Jenessa, sin embargo, pareció leer sus pensamientos cuando rápidamente rodeó su cuello con sus brazos, sin darle oportunidad de escapar.
Profundizó el beso, vertiendo todas las emociones que había reprimido anteriormente.
La respiración de Ryan se hizo más profunda y sus manos se movieron hacia la parte baja de la espalda de ella.
Su lengua se deslizó hambrienta entre sus dientes y dentro de su boca.
Se besaron y acariciaron hasta quedarse sin aliento.
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