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Capítulo 807:
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Sus dedos trazaron la curva de su barbilla mientras sus pensamientos corrían. Debe haber algo más… Y entonces lo captó.
Las piezas comenzaron a encajar: sus repentinos cambios de humor, la distancia que había mantenido, la forma en que la había alejado cada vez que se acercaba demasiado.
Tenía que ser una enfermedad, algo grave. Y eso lo explicaba todo.
La comprensión le dolió, pero también le aportó una sensación de claridad.
Los ojos de Jenessa se entrecerraron con determinación. Si Ryan no le decía la verdad, tendría que obligarlo. Un plan se formó en su mente, agudo y astuto.
Rohan había llamado al médico especializado en el tratamiento del cáncer de estómago.
—Doctor, el Sr. Haynes está experimentando síntomas graves de nuevo. ¿Podría revisarlo, por favor? Los ojos de Rohan parpadearon con preocupación mientras hablaba.
El médico le hizo un breve examen y frunció el ceño con un suspiro de impotencia.
—Señor Haynes —comenzó—.
Ya se lo advertí antes: debe aceptar un tratamiento integral de inmediato. El cáncer se está propagando rápidamente. Si se demora más, el peligro solo aumentará.
Ryan asintió con la cabeza, con una expresión indescifrable.
—Entiendo, doctor. Gracias.
Cuando el médico se fue, Rohan ya no pudo contener el pánico. Se acercó, con urgencia en sus palabras.
—El médico tiene razón. Tienes que aceptar el tratamiento ahora. ¡No podemos seguir retrasándolo!
El diagnóstico del médico había golpeado a Rohan como un puñetazo en el estómago, que se le revolvió de miedo.
El rostro de Ryan permaneció severo, con la mirada distante.
—Jenessa ya sospecha algo. Si me hospitalizan ahora, se dará cuenta. No puedo arriesgarme a eso.
La ansiedad de Rohan aumentó.
—Es lista. Lo averiguará de una forma u otra. Si no se lo dices, se imaginará lo peor. Señor, su salud es lo primero. Si recibe tratamiento, ella ya no tendrá nada de qué preocuparse.
Ryan apretó la mandíbula.
«Sea lo que sea lo que imagine, pasará. Todavía tengo la oportunidad de mantenerla en la ignorancia». Enderezó la espalda, su determinación se endureció.
«Si admito la verdad ahora, ¿qué le pasará a ella?».
Un pesado silencio cayó entre ellos. Después de unos segundos, la voz de Ryan rompió el silencio, fría y firme.
«Vuelve y ocúpate de los detalles. Asegúrate de que no tenga nada que investigar».
Rohan sabía que no había forma de convencer a Ryan, por muy desesperado que se sintiera. Su frustración hervía bajo la superficie, pero al final, solo pudo doblegarse a la voluntad de Ryan.
En la quietud de la habitación del hospital, Ryan se agarró el estómago, hundiendo los dedos en la piel mientras otra aguda oleada de dolor lo atravesaba. Su tripa se retorció, como si unas cuchillas lo estuvieran rebanando desde dentro.
Había hecho todo lo posible para que Jenessa creyera que ya no le importaba, para alejarla.
Sin embargo, ahora, enfrentado a la verdad de su enfermedad, no estaba seguro de cuánto tiempo más podría mantener la fachada.
¿Realmente no había una manera perfecta de salir de este lío?
El amanecer llegó con leves ruidos fuera de su habitación, sacando a Ryan de sus pensamientos inquietos.
Se sentó, preparándose instintivamente para lo que estaba por venir. Jenessa tenía la costumbre de cogerlo con la guardia baja.
—Rohan, ¿qué está pasando ahí fuera? —llamó Ryan, con la voz llena de sospecha.
Rohan apareció, con el rostro demacrado por la preocupación.
—La Sra. Wright quiere que la den de alta.
La expresión de Ryan se ensombreció al instante, y su tono se convirtió en un frío gruñido.
«¿Está loca? ¡No está lo suficientemente bien como para dejar el hospital!».
Bajó las piernas de la cama, se puso apresuradamente el abrigo y se dispuso a ir directamente a la habitación de Jenessa y arrastrarla de vuelta si era necesario.
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