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Capítulo 788:
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«¿No os habíais ido de vacaciones juntos hace unos días? ¿Por qué habéis vuelto tan pronto?». Pero antes de que Brinley pudiera indagar más, notó que algo no iba bien.
Volvió a tocar el brazo de Jenessa y la miró más de cerca.
Su expresión se tornó rápidamente en una de preocupación.
«Richard, ¿qué has estado haciendo? ¡Jenessa ha perdido mucho peso! ¡Y tiene muy mal aspecto!». Brinley acarició tiernamente la mejilla de Jenessa y le preguntó en voz baja: «Jenessa, ¿estás enferma?».
A Jenessa le latía el corazón con fuerza, pero logró esbozar una sonrisa.
«No, es que últimamente no tengo mucho apetito». No podía soportar involucrar a Brinley en su desastre.
Cerca de allí, Richard tenía una mirada de arrepentimiento.
—Tienes razón, no la he cuidado lo suficiente. Brin, hoy tengo cosas que hacer y no puedo quedarme con Jenessa. ¿Podrías llevarla a dar un paseo por mí y animarla un poco?
Brinley hizo un puchero.
—¿Qué quieres decir con «por tu bien»? Pasar tiempo con Jenessa siempre es un placer para mí.
Brinley tomó la mano de Jenessa con entusiasmo.
—Vamos. He conducido hasta aquí, así que puedes venir conmigo.
Jenessa se puso de pie, con la mirada vacilante hacia Richard.
¿De verdad le resultaría tan fácil irse?
Richard le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—Vamos, Jenessa.
Sintiendo un escalofrío, Jenessa permaneció en silencio y se aferró con fuerza a la mano de Brinley, reuniendo el valor para salir con ella.
Incluso cuando se acomodaron en el coche, Jenessa no podía deshacerse de su inquietud. No dejaba de mirar atrás, comprobando si Richard había enviado a alguien tras ellas, con una expresión llena de ansiedad.
Brinley, al notar su mirada preocupada, preguntó con preocupación: «Jenessa, ¿qué pasa? Pareces rara. Si no te encuentras bien, no tenemos por qué ir.
—¡No, quiero ir! —respondió Jenessa rápidamente, de forma más brusca de lo que pretendía.
—Estoy bien. Tengo muchas ganas de salir.
Hacía siglos que no había salido y, por el momento, no quería otra cosa que evitar volver con Richard. A pesar de sus frecuentes miradas hacia atrás, no había notado que nadie las siguiera…
Brinley encontraba desconcertante el comportamiento de Jenessa, pero no podía precisar la razón.
Quizás fuera solo el estrés del embarazo.
—Jenessa, hay una exposición de joyas en la ciudad. ¿Qué te parece si vamos a verla? Puede que te resulte interesante.
Jenessa se mostró indiferente, pero aceptó sin dudarlo.
Afortunadamente, la exposición de joyería mostraba una gama de piezas impresionantes, que poco a poco atrajeron la atención de Jenessa y aliviaron parte de su tensión.
Brinley la observó, sintiéndose un poco más tranquila al saber que había elegido una salida que le gustaba a Jenessa.
En ese momento, el teléfono de Brinley sonó.
Lo cogió y vio el nombre de Richard en el identificador de llamadas.
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