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Capítulo 634:
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Podía permitirse esperar. Unos días más y ella volvería. Tenía que hacerlo.
Sus rasgos se retorcieron de amargura mientras maldecía a Delores en voz baja. Si ese tonto no hubiera dejado escapar esos detalles cruciales delante de Jenessa, no estaría en este lío en primer lugar.
Y ahora, en lugar de ayudarlo a salir de esta miserable prisión, Delores solo había empeorado las cosas. ¡Inútil, absolutamente inútil!
Pero una cosa era segura: Delores nunca le revelaría toda la verdad a Jenessa.
Si Jenessa supiera la verdad, la familia Wright ya habría sido destruida.
Lo que significaba que la visita de Jenessa justo ahora tenía que ser una treta; volvería, arrepentida y suplicando respuestas.
Mientras tanto, fuera de los sofocantes muros de la comisaría, Jenessa deambulaba aturdida, con la mente arremolinada por el peso de su enfrentamiento.
Antes de venir aquí, ya se había resignado a la probabilidad de que Samuel no divulgara ninguna información valiosa.
Después de todo, si Samuel o Delores hubieran tenido la intención de revelar la verdad, no habrían esperado hasta ahora.
Además, Samuel probablemente sabía que este secreto era su último hilo de control sobre ella, y no lo abandonaría fácilmente.
Pero en el fondo, Jenessa estaba convencida de que no era realmente hija de Samuel y Delores.
El pensamiento le dibujó una sonrisa agridulce en los labios.
Ahora se explicaba por qué la habían tratado con tanta fría indiferencia a lo largo de los años; ella no era su hija y ellos no eran sus padres.
Le sobrevino una punzada de tristeza. Si no eran sus verdaderos padres, ¿quiénes eran entonces? ¿Seguían vivos o habían fallecido hacía mucho tiempo? ¿La habían abandonado para que la adoptara la pareja Wright?
Jenessa no tenía respuestas, ni pistas, solo un sinfín de preguntas. El mundo le parecía increíblemente vasto, y la idea de encontrar a sus padres biológicos le parecía como buscar una aguja en un pajar, sobre todo cuando ni siquiera estaba segura de si seguían vivos.
La pregunta la atormentaba: ¿debería buscarlos? Una avalancha de pensamientos la abrumó, dejándola inquieta e intranquila.
Mientras bajaba los escalones, con la mente todavía nublada por las dudas, se equivocó de escalón.
Su corazón dio un vuelco al sentir que perdía el equilibrio y caía hacia delante.
Aterrada, se agarró instintivamente al vientre para evitar la caída.
¿Cómo había podido estar tan distraída? ¿Y sus bebés?
Pero en lugar de golpearse contra el suelo como esperaba, cayó en un cálido abrazo.
«¡Cuidado!».
La mente de Jenessa se aceleró, reproduciendo un escenario familiar que había sucedido más veces de las que le gustaría admitir. Su corazón latía con fuerza en su pecho mientras instintivamente agarraba el cuello del hombre, con los dedos temblorosos. Mantuvo la mirada fija hacia abajo, demasiado asustada para levantar la vista.
¿Podría ser Ryan?
No había nadie más que ella conociera que siempre pareciera atraparla en el momento justo.
Pero cuando la niebla en su mente comenzó a disiparse, escuchó una voz que la devolvió a la realidad.
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