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Capítulo 503:
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De repente, el ruido de unos pasos que se acercaban interrumpió sus pensamientos.
«Tómate un descanso y tómate una taza de té», sugirió un guardia, mientras una figura oscura entraba en la zona.
«Este caballero quiere hablar con Maisie».
La esperanza invadió a Maisie al ver la alta silueta. Se puso de pie rápidamente y se aferró a los barrotes.
«Ryan, ¿eres tú? ¡Has venido a verme! Por favor, ayúdame. Me arrepiento de verdad de lo que he hecho —imploró.
Pero cuando la figura se adentró en la luz, el corazón de Maisie se hundió. No era Ryan. La confusión y la sospecha se reflejaron en su rostro.
—¿Por qué estás aquí? —exigió.
El visitante, que se demoraba en la penumbra de la prisión, planteó una pregunta fría: —Maisie, ¿quieres salir de aquí?
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«¡Por supuesto!», respondió Maisie al instante, con una mirada intensa y desesperada.
El visitante hizo una pausa antes de continuar: «¿Estás dispuesta a hacer lo que te pida?».
Un destello de miedo cruzó por los ojos de Maisie, pero la determinación en su voz era inconfundible cuando asintió con firmeza.
«¡Sí!».
Durante los días siguientes, Ryan llevó a Jenessa al trabajo y la trajo a casa.
Era fin de semana, coincidiendo con la revisión prenatal programada de Jenessa, a la que él asistió con ella. Después del examen, se reunieron con el médico.
Al observar a la pareja, el médico le ofreció una sonrisa tranquilizadora a Jenessa.
«El bebé está muy sano. Durante el embarazo, aparte de ciertas restricciones dietéticas, deberíais comer lo que queráis y ganar un poco más de peso».
Ryan asintió, con un toque de preocupación en su expresión.
«Siempre ha tenido problemas para ganar peso. Me aseguraré de que controlamos su dieta con más cuidado».
«Ya lleváis tres meses», continuó el médico.
«Podéis mantener vuestra relación sexual siempre que se prioricen el estado de ánimo y el estado físico de la futura madre».
Al oír esto, Jenessa se sonrojó profundamente, avergonzada por la conversación a pesar de su normalidad en un contexto médico.
Ryan, siempre tan curioso, insistió: «¿Hay alguna precaución específica que debamos tomar?».
«¡Ryan!». La vergüenza de Jenessa se hizo más profunda, sus mejillas se enrojecían.
El médico se rió entre dientes, respondiendo con un toque de humor: «Sé suave. Asegúrate de que los preliminares sean adecuados y trata de no ser demasiado vigoroso. Y recuerda limpiar después».
Durante la conversación, Jenessa estaba tan abrumada que apenas asimilaba las palabras.
Cuando salieron del hospital, no pudo contener más su frustración.
—Ryan, ¿por qué tuviste que pedirle al médico un consejo tan detallado?
Ryan mantuvo la calma.
—Solo quiero asegurarme de no hacerte daño a ti ni al bebé. Es importante estar informado.
Jenessa resopló y se dio la vuelta.
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