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Capítulo 48:
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Al sentir su mirada, la vergüenza de Jenessa se hizo más profunda.
Con desafío, afirmó: «Sí, puedo hacerlo sola; ¡tengo la fuerza!».
Intentó alcanzar el champú que estaba en el estante, pero su mano temblaba y el frasco cayó al suelo con un estruendo.
La vergüenza repentina hizo que las mejillas de Jenessa se pusieran de un rojo intenso.
Sin embargo, ahora, su rubor parecía hacerla aún más encantadora.
La mirada de Ryan se hizo más profunda mientras la observaba, su nuez de Adán se movía lentamente.
«Deja de ser tan testaruda. Sabes que ya te he ayudado a bañarte antes», resonó su voz profunda y ronca, enviándole escalofríos por la espalda.
Los recuerdos de su pasado volvieron a ella.
Después de sus intensos encuentros, Jenessa a menudo perdía el conocimiento por la abrumadora pasión, solo para despertarse de vez en cuando y encontrar a Ryan lavándola suavemente en la bañera.
A veces, al recuperar la conciencia, él la tomaba en broma.
Avergonzada, ella se retorcía, con sus pieles rozándose en el agua relajante, lo que a veces conducía a momentos más fervientes.
Al recordar esos momentos, su rubor se intensificó y sus labios parecían aún más tentadores.
Al ver su reacción, Ryan sintió una oleada de deseo que lo inundó.
Se inclinó impulsivamente y la besó.
Sus labios se unieron suavemente al principio, pero el aliento de Ryan pronto se hizo más pesado, y buscó profundizar su conexión.
Los ojos de Jenessa se abrieron de par en par, sorprendida por su repentino movimiento.
Desde que Maisie había regresado, Ryan había mantenido una distancia con ella.
Este renacimiento de su cercanía pasada dejó a Jenessa confundida, pero parte de ella respondió a sus avances.
Le escaparon suaves gemidos mientras los besos de Ryan vagaban, con su gruñido resonando suavemente.
Instintivamente, empezó a quitarle la ropa, pero cuando la tela rozó una marca de mordisco en su hombro, ella gritó de dolor.
«¡Ay!», exclamó Jenessa, y el dolor agudo la devolvió bruscamente a la realidad. Instintivamente, empujó a Ryan y se agarró la ropa.
Los agudos ojos de Ryan captaron la visión de los moretones en su cuello.
Las marcas lo llenaron de una furia feroz. Los distintivos chupetones y las profundas marcas de mordedura avivaron su ira.
«¡Ese bastardo, Tucker!», murmuró en voz baja, decidido a que Tucker pagara por esto.
Al ver los ojos abatidos de Jenessa y su expresión de vulnerabilidad, los instintos protectores de Ryan surgieron.
Tenía la intención de ofrecer consuelo, pero las palabras de Maisie lo atormentaban.
«¿Ahora tienes miedo? ¿Por qué no lo pensaste en la empresa? Si realmente hubieras mantenido tu integridad, esto no habría sucedido. Es tu culpa».
Tan pronto como Ryan pronunció estas duras palabras, se arrepintió.
Pero antes de que pudiera disculparse, Jenessa tembló de furia.
Lo fulminó con la mirada, con la voz cargada de rabia.
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