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Capítulo 445:
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La mente de Jenessa se quedó en blanco por un momento. Sorprendida, miró fijamente a Ryan.
La mezcla de ira, tristeza, confusión y dolor en sus ojos pareció estrellarse contra su corazón con una fuerza abrumadora.
¿Sabía lo del embarazo?
Mientras este pensamiento daba vueltas en la mente de Jenessa, se encontró sin palabras. Sus labios se movieron, pero no salió ningún sonido.
Después de respirar profundamente varias veces, finalmente logró balbucear: «¿Tú… tú lo sabías? ¿Cuándo te enteraste?».
Había ocultado su embarazo durante tanto tiempo, pero ahora se había revelado.
Jenessa sintió una oleada de mareos, que le recordaban la sensación que había experimentado al despertar.
La expresión de Ryan se endureció al ver su rostro conmocionado.
—Ayer me enteré de que estabas embarazada de tres meses —dijo con una mueca de desprecio.
Le agarró la muñeca con firmeza, con cuidado de no hacerle daño, y le exigió con voz ruda: —Jenessa, dime la verdad. ¿Sabías del embarazo desde hace mucho tiempo? ¿Por qué me lo ocultaste?
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Todavía estaban casados cuando ella se quedó embarazada. Sabía que estaba esperando un hijo suyo, pero no había dicho nada y había presionado para que se separaran.
Cuanto más lo pensaba, más se enfadaba Ryan. Recordaba las acciones pasadas de Jenessa y tenía sentimientos encontrados.
Al ver su expresión sombría, Jenessa sintió un dolor agudo en el corazón. Creía que la noticia de su embarazo le había repelido. Eso tenía sentido para ella. Nunca había querido que ella llevara a su hijo. Ahora que lo sabía, pensó que debía despreciarla aún más.
El corazón de Jenessa pesaba mucho. Conteniendo su tristeza, replicó: «¿Y qué si lo supe hace mucho tiempo? Estabas decidido a divorciarte de mí para casarte con Maisie. Si hubieras sabido del embarazo, ¡habrías forzado un aborto!».
Ryan respondió inmediatamente: «¿Cómo podría ser eso posible? ¿Nunca confías en mí?».
Jenessa se dio la vuelta, con la voz llena de desprecio.
«¿Confiar en ti? Después de que Maisie me secuestrara, ¡mi bebé y yo casi perdemos la vida! ¿Recuerdas lo que hiciste entonces? ¿Cómo puedo confiar en ti?».
En aquel momento, Jenessa aún albergaba alguna esperanza en Ryan. Pero cuando él dio prioridad a la seguridad de Maisie por encima de la suya, cualquier esperanza que quedaba se desvaneció.
Las lágrimas llenaron sus ojos mientras Jenessa hablaba, aunque ella no se dio cuenta.
Sus palabras hirieron profundamente a Ryan, dejándolo sin aliento por la culpa. Al reflexionar sobre el secuestro, sintió un miedo persistente, que se intensificó con la revelación de su embarazo.
Si no hubiera sido por Jenessa y el golpe de suerte del bebé, podrían haber muerto en el acto cuando ella saltó del coche.
Ryan luchó por hablar.
—Lo siento… Jenessa, lo siento de verdad. No tenía ni idea de que todo era obra de Maisie, y no sabía lo de tu embarazo. Si pudiera volver atrás, haría todo lo posible para protegerte.
—Incluso después de saber de su implicación, elegiste protegerla —dijo Jenessa, interrumpiéndole.
—Basta, Ryan. No puedo escuchar más excusas.
Jenessa ya no tenía paciencia para sus promesas, que ahora no significaban nada para ella.
Jenessa le quitó la mano con frialdad, decidida a levantarse de la cama y marcharse.
Mientras se movía, Ryan extendió la mano para detenerla de nuevo.
—Puedo explicarlo…
—He dicho que no quiero oírlo. ¡Apártate de mi camino! La voz de Jenessa era feroz, sus intenciones claras.
Ryan negó con la cabeza con firmeza.
—No, no puedes irte sin más.
—¿Por qué? ¿No he sido claro? ¡Ahora no tenemos nada que ver el uno con el otro! No tienes derecho a coartar mi libertad. El enfado de Jenessa era palpable.
Apretando los puños, Ryan dijo con voz baja pero resuelta: «El bebé también es mi carne y mi sangre. Te guste o no, tengo la responsabilidad de cuidar tanto de ti como del bebé, cumpliendo con mis deberes como marido y padre».
«¡No necesito que me cuides!», se burló Jenessa.
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