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Capítulo 43:
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En el instante en que Maisie apareció, Jenessa sintió que su última pizca de expectación con respecto a Ryan desaparecía por completo.
La cruda realidad golpeó a Jenessa con fuerza, dejando su tez pálida como un fantasma.
Al mirar a Ryan, sus ojos se quebraron por la confusión y la pregunta no formulada de por qué Maisie estaba presente.
Agarrando el brazo de Ryan, Maisie le ofreció a Jenessa una cálida sonrisa, rebosante de aparente preocupación.
«Jenessa, ¿estás bien?». La voz de Maisie transmitía su preocupación.
«Me aterroricé cuando me enteré de tu terrible experiencia. Presioné a Ryan para que viniera inmediatamente».
Con una suave risita y un ingenioso brillo en los ojos, añadió: «Aunque el divorcio es inminente, habéis compartido años juntos. Ryan no podía simplemente ignorar tu situación, ¿verdad?».
Le dio un tirón juguetón al brazo de Ryan.
Ryan, con un ligero ceño fruncido y un tono helado, evitó seguir discutiendo.
—No perdamos más tiempo. Sube al coche.
El corazón de Jenessa se hundió al oír sus palabras.
Inhaló profundamente e intentó sonreír, pero apenas pudo mantener la compostura.
¿Era Maisie quien había convencido a Ryan para que acudiera en su ayuda?
Dada la evidente impaciencia de Ryan, parecía probable que, sin Maisie, no se hubiera molestado en aparecer.
Una sonrisa amarga cruzó el rostro de Jenessa mientras contemplaba la ironía de estar en deuda con la amante de su marido por su rescate.
«Tranquilo, Ryan», dijo Maisie, con un tono tranquilizador pero firme.
«Sé que desprecias la ineficiencia, pero Jenessa debe estar aterrorizada hoy. Sé amable. Vamos, Jenessa, te subo al coche».
Un destello de angustia en el rostro de Jenessa le dio a Maisie una silenciosa sensación de victoria.
De hecho, Maisie había suplicado acompañar a Ryan después de enterarse de que iba a la comisaría a buscar a Jenessa.
Bien consciente de la naturaleza de Ryan, sabía que no compartiría esos detalles con Jenessa.
Cuando Jenessa empezó a caminar, sus pasos vacilaron, casi haciéndola tropezar.
El rostro de Ryan mostró preocupación inmediata cuando instintivamente extendió una mano para estabilizarla, con las cejas fruncidas.
—¿Te encuentras mal? Ven, te llevaré directamente a un hospital para que te revisen.
La mención del hospital hizo que Jenessa sintiera una oleada de ansiedad.
Apartó la mano de Ryan, con expresión tensa.
—¡No, no iré al hospital!
Un destello de irritación cruzó los rasgos de Ryan.
—Estás muy mal, Jenessa. Si no es el hospital, ¿adónde propones que vayamos?
La expresión de Maisie se agrió cuando Ryan extendió la mano para ayudar a Jenessa, pero rápidamente puso una fachada preocupada.
—De verdad, Jenessa, no debes ser obstinada. ¿Qué puede ser más importante que tu salud? Asegurémonos de que estás bien; no necesitamos que te desmayes.
Jenessa estabilizó su respiración, decidida a mantener la calma.
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