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Capítulo 309:
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Jenessa realmente lo había tomado por sorpresa. Nunca había anticipado que ella saliera personalmente al escenario con un vestido que ella misma había diseñado.
El vestido no solo era impresionante, sino que también capturaba perfectamente su encanto y elegancia únicos.
Evelyn, por otro lado, estaba en estado de shock y rabia. Al ver a Jenessa, su ira aumentó y apretó los puños.
No había previsto que su plan se desmoronara así. Lejos de avergonzar a Sloane, este espectacular final aseguró que los titulares de mañana estarían llenos de elogios para el vestido de Sloane.
Evelyn estaba tan furiosa que su rostro se contorsionó de rabia.
Cegada por su rabia, no había reconocido que la modelo en el escenario era la propia Jenessa.
Cuando Jenessa volvió a caminar con gracia al ritmo de la música, marcó el final del desfile.
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Todos los asistentes estaban convencidos de que la pieza final fue lo más destacado de la noche.
Fue nada menos que perfecto.
Y su creadora, Sloane Todd, era una verdadera potencia en el ámbito del diseño de moda.
En el momento en que Jenessa salió del escenario, abandonó la fachada de compostura que había estado manteniendo.
Sus piernas se volvieron gelatinosas y casi se cae.
Por suerte, Evie se apresuró a acudir a su lado, proporcionándole el apoyo que Jenessa necesitaba para mantenerse en pie.
«Sloane, ¿cómo ha ido?», preguntó Evie, con voz preocupada.
Desde el backstage, no podía ver el desfile y había estado esperando con gran expectación.
Unas gotas de sudor salpicaban la frente de Jenessa mientras ofrecía una sonrisa forzada.
«No tenía ni idea, pero estaba tremendamente nerviosa…»
En ese momento, Willie regresó de donde estaba sentado el público.
Al verlo, Jenessa preguntó rápidamente: «¿Cómo respondió el público? ¿Percibieron algún defecto?».
Willie inhaló profundamente, luego sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a llorar.
Su repentino llanto alarmó a Jenessa, que se quedó sin color en el rostro.
«¿Qué pasa? ¿He metido la pata? ¡Por favor, deja de llorar y explícamelo!».
En la pasarela, las deslumbrantes luces casi la habían cegado.
Había logrado recorrerla confiando en su familiaridad con el lugar, incapaz de discernir las reacciones del público o captar ningún sonido.
En ese momento, la ansiedad latía en el pecho de Jenessa.
No dejaba de preguntarse si había cometido un error.
Mientras tanto, Evie ya había recuperado su teléfono. Después de echar un vistazo rápido, exclamó eufórica: «¡No, has estado impecable! ¡Has sobresalido! ¡Mira estos comentarios en Internet!».
El pulso de Jenessa se aceleró cuando aceptó el teléfono de Evie.
Aunque la retransmisión en directo de la Semana de la Moda estaba en curso, los hashtags relacionados con el evento ya dominaban la parte superior de las búsquedas de tendencias.
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