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Capítulo 288:
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El sentimiento de triunfo de Evelyn aumentó al ver la sumisión de Jenessa. Le pareció que Jenessa, al carecer de apoyo esta vez, no tenía más remedio que ser sumisa.
Sin embargo, Evelyn no se conformó con simplemente ahuyentarla. Decidida a hacer sufrir más a Jenessa, se puso delante de ella y le bloqueó el paso.
—¡Detente ahí mismo!
Jenessa frunció el ceño.
—¿Qué quieres ahora?
—Me humillaste en mi banquete, haciendo que perdiera la cara.
—¿No crees que me debes una disculpa? Evelyn la fulminó con la mirada.
Jenessa, reacia a seguir discutiendo, intentó esquivarla.
De repente, Evelyn soltó un grito desgarrador.
Perdió el equilibrio y su anillo cayó al suelo.
Fijando la mirada en el anillo, Evelyn señaló acusadora a Jenessa.
«¡Zorra! ¿Cómo has podido chocar conmigo y dañar mi anillo de esmeraldas? ¡Deténgala! ¡No debe irse!».
Jenessa respiró hondo y se volvió hacia Evelyn con mirada firme.
—Ni siquiera te he tocado. ¿Qué intentas hacer?
La gerente respiró hondo, fingiendo sorpresa.
—¿Cómo puedes hablarle así a la señorita Ramírez? ¿Sabes quién es? Has dañado su anillo; ¡piensa en tu responsabilidad!
Evelyn, claramente complacida con el apoyo teatral de la gerente, miró a Jenessa con desprecio.
—¿Y cómo podría compensarme exactamente? ¿Quizás con sus vestimentas sencillas o el teléfono anticuado que lleva?
—Señorita Ramírez, es poco probable que pueda cubrir los gastos. Quizás deberíamos llamar a la policía y que ellos resuelvan esto.
Evelyn se rió, un sonido rebosante de condescendencia.
—En efecto. La policía debería manejar esta situación.
El ceño fruncido de Jenessa se hizo más profundo al darse cuenta de la intención de Evelyn de vengarse.
La implicación de la policía podría acarrearle graves repercusiones.
En ese momento, una voz curiosa resonó desde la entrada.
«¿A qué viene todo este alboroto?».
Jenessa se volvió hacia el origen de la voz autoritaria.
Un anciano de cabello gris se abrió paso lentamente.
Al verlo, la altanería de Evelyn se suavizó un poco.
—Sr. Wiggins, encantada de conocerle —saludó Evelyn, con una cálida sonrisa.
El anciano, Nicolas Wiggins, era precisamente la persona a la que el padre de Evelyn le había dicho expresamente que debía impresionar.
Era un colorista de renombre, crucial para mejorar sus creaciones para la Semana de la Moda.
A pesar de sus dudas de que unos simples ajustes de color pudieran mejorar significativamente sus diseños, Evelyn se había reunido con Nicolas debido a la enfática directiva de su padre.
Nicolas miró a Jenessa, que estaba de pie junto a Evelyn, y preguntó en tono severo: «Escuché una discusión cuando llegué. ¿Qué ha pasado?».
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