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Capítulo 188:
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Bill la miró con fingida curiosidad y luego estalló en una risa burlona.
«Aunque no fueras prostituta, me has ofendido».
«Esta noche estás a mi merced».
Se burló con desdén.
«Puede que haya sido amable, pero ahora mis amigos también se divertirán. No tienes escapatoria».
La multitud que la rodeaba vitoreó, y su expectación se convirtió en impaciencia a medida que se acercaban a Jenessa.
En una última y desesperada súplica, Jenessa gritó: «¡Tócame! ¡Estoy con Ryan Haynes!».
«¿¡Ryan Haynes?!».
La mención de este nombre provocó una abrupta interrupción en la sala.
«¿Ryan Haynes? ¿Quién es ese?», preguntó alguien.
Jenessa estaba empapada en sudor frío, pero al notar su atónito silencio, inhaló bruscamente y continuó: «Ryan Haynes, el director general de WorldLink Group. Estoy con él. Si me haces daño, ¿crees que alguna vez lo pasará por alto?».
Los hombres intercambiaron miradas incómodas, con rostros preocupados.
«¿Qué hacemos, Bill? ¿Podría ser ella la mujer de Ryan Haynes?», preguntó uno de los hombres, con la voz llena de dudas.
Bill hizo una pausa, visiblemente conmocionado por la mención del nombre de Ryan, pero rápidamente descartó la idea.
«¿Eres la chica de Ryan? ¡Eso es absurdo! Todo el mundo sabe que está con la supermodelo Maisie Powell. ¿Cómo te atreves a inventar una mentira así?».
—Soy su secretaria. Jenessa Wright. Compruébelo en Internet si no me cree —afirmó Jenessa, con la voz teñida de desesperación.
La paciencia de Bill se evaporó rápidamente.
—¿Crees que puedes engañarme? Aunque seas su secretaria, ¿qué importancia tiene eso? Ejerzo un poder considerable en esta ciudad. Si te deseo, probablemente él accedería a entregárteme a ti, una mera secretaria, para evitar conflictos.
Bill ordenó con veneno: «¡Desnudadla!».
Los hombres se abalanzaron sobre la ropa de Jenessa, llevándola al borde de la desesperación.
¿Podría alguien rescatarla?
Justo cuando estaban a punto de quitarle la ropa a la fuerza, Jenessa cerró los ojos, resignándose a su destino.
De repente, la habitación se llenó de gritos espeluznantes.
Cuando Jenessa abrió los ojos, vio a los hombres que se habían acercado a ella arrojados a un lado sin esfuerzo.
Al momento siguiente, la imponente figura de Ryan emergió, protegiéndola.
«¡Jenessa!».
Ryan, con el rostro sombrío, corrió hacia Jenessa y, con sumo cuidado, la levantó suavemente del suelo y la puso en sus brazos.
Su expresión se suavizó en el momento en que sus ojos se encontraron con los de ella.
«¿Estás bien?», preguntó con suavidad.
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