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Capítulo 963:
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Sus puños se cerraron a los lados, un testimonio físico de su confusión interior.
Sus miradas se cruzaron, cargadas de emociones tácitas.
En ese momento, Rhys se enfrentó a la realidad que había estado evitando: no le era indiferente su divorcio.
No podía negar el dolor de aceptarlo.
Además, la noticia del compromiso de Harlee había destrozado su fingimiento y su elaborado plan.
Al enfrentarse a su presencia, se dio cuenta de que sus sentimientos no habían disminuido.
Todavía anhelaba llamarla suya.
Durante tres largos años, Rhys había vigilado cada detalle de la vida de Harlee, un hecho que solo él conocía.
Había interpretado el papel de un hombre que había seguido adelante, pero ahora, al enfrentarse a ella directamente, reconoció su verdadera posición: no tenía derecho a cuestionar sus decisiones.
Flexionando los puños, Rhys luchó por sofocar la tormenta de emociones que amenazaba con descarrilar el meticuloso plan que había estado alimentando durante tres años.
A medida que recuperaba el control gradualmente, la furia en su mirada se suavizó.
Harlee, aguda como siempre, notó el sutil cambio en su comportamiento. Dio un paso adelante, extendiendo la mano en un tentativo gesto de paz.
Pero Rhys, intuyendo el inminente contacto, retrocedió, alejándose para mantener una barrera entre ellos.
Este rechazo encendió una chispa de ira en Harlee.
Entrecerró los ojos con desdén y su voz, fría y penetrante, rompió el tenso silencio.
—Rhys, ¿de verdad pensaste que esperaría para siempre?
Rhys había acudido aquí, en una tempestad de emociones, profesando un profundo amor. Sin embargo, ahora, frente a su mano extendida, una prueba de su sinceridad, se retiraba.
Desvió la mirada y las comisuras de su boca se crisparon con incomodidad.
—Señorita Sanderson, debe estar bromeando. Yo no me atrevería a hacer tal cosa.
Aunque Rhys había recuperado la compostura, la visión de su dolor le tocó la fibra sensible.
A pesar de su determinación, la empatía por ella se filtró.
Al escuchar su respuesta, Harlee sintió una ola de decepción que la invadió, más fuerte de lo que esperaba.
Su mirada se posó en los ojos de Rhys, buscando respuestas, pero todo lo que pudo ver fue un velo de fingimiento.
La cruda verdad se cernía sobre ella, un recordatorio implacable. El hombre que tenía delante se parecía poco al que conocía hace tres años.
Sintiendo la inutilidad de seguir preguntando, se resignó al silencio. El aire entre ellos se espesó con arrepentimientos tácitos.
Harlee, agobiada por una serie de decepciones, se había vuelto apática con el mundo que la rodeaba. Ya no le importaba descubrir las razones detrás de la «traición» de Rhys. Con una expresión plácida, lo miró fijamente, con ojos fríos y distantes. Parecían entrelazar la narración de su primer encuentro, la profundidad de su amor y la desolación de su realidad actual.
Un temblor de angustia sacudió a Rhys hasta lo más profundo.
Sus ojos se movieron ansiosamente mientras luchaba contra el impulso de salvar la distancia entre ellos.
Sus manos se movieron nerviosamente a sus lados antes de que, a regañadientes, las retirara. Al final, eligió el silencio.
Harlee le dirigió una mirada prolongada y profunda, que transmitía su profunda decepción. Al ver que no recibiría las respuestas que buscaba, pasó a su lado con decisión y se marchó. Se sentía como si el gran plan, una vez lleno de significado y dirección, se hubiera desintegrado en la nada.
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