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Capítulo 934:
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«Yo…», titubeó Rhys.
Sin reconocer su intento de hablar, Harlee se acercó el abrigo, con los pensamientos a la deriva en recuerdos del pasado.
«Cuando volví con la familia Sanderson y supe que eras mi pareja concertada, me sentí aliviada.
En ese momento, pensé que, aunque no hubiera amor, al menos podríamos estar cómodos juntos.
Pero antes de que pudiera decir nada, lo terminaste con tanta decisión. Fue entonces cuando me di cuenta de que el amor no se puede forzar».
Su tono tenía un matiz de melancolía, pero cuando su mirada se posó en Rhys, su decepción fue inconfundible. Sin embargo, no albergaba ningún reproche. El amor no regresaba con acusaciones.
Las manos de Rhys temblaban, su pecho se apretaba como si unas agujas le atravesaran el corazón. La agonía lo abrumaba, dejándolo sin aliento. El miedo a perder a Harlee lo consumía, pero se las arregló para tragarse la verdad que se balanceaba en el borde de sus labios.
Harlee bajó ligeramente la cabeza.
—Conservemos los buenos recuerdos que compartimos, ¿de acuerdo?
Era la primera vez que Harlee usaba un tono tan suave y humilde. Aunque sus ojos brillaban con lágrimas contenidas, mantuvo la compostura, sin querer dejarlas caer. Era su último acto de desafío.
Sin esperar la respuesta de Rhys, Harlee añadió con calma: «Haré una declaración pública sobre nuestra relación». Cuando Rhys desapareció hace años, la familia Green nunca lo declaró fallecido, dejando el «matrimonio» de Harlee como poco más que una…
…que una formalidad seguida de un anuncio a la prensa.
Otra declaración finalizaría la separación.
La mandíbula de Rhys se tensó mientras su mirada se posaba en Harlee a través de la oscuridad.
Su corazón gritaba para oponerse, pero la palabra que salió de sus labios fue «Está bien».
El dolor en su pecho se hizo más profundo.
Sabía que esto rompería el vínculo que les quedaba.
Harlee le dedicó una leve sonrisa, como si estuviera soltando el último asidero que tenía sobre él.
Rhys la observó en silencio, como si intentara memorizar perfectamente su rostro.
Al no ver ninguna reacción, Harlee cerró los ojos.
Justo cuando se daba la vuelta, Rhys la abrazó por detrás.
Pillada con la guardia baja, Harlee se vio envuelta por sus brazos, mirando fijamente sus intensos ojos oscuros.
Su corazón se tambaleó, traicionando la ilusión de cierre que buscaba mantener.
«Lee.
¿Te has arrepentido alguna vez? Después de esperarme todos estos años, traje a otro a la familia Green.
¿Alguna vez deseaste no haberlo hecho?», preguntó Rhys.
Su voz quedó suspendida en el aire, cargada de una emoción tácita, mientras el silencio de la cueva parecía magnificar su peso.
Rhys miró fijamente a Harlee, como si tratara de desentrañar sus verdaderos sentimientos a través de sus ojos.
Harlee se movió ligeramente antes de responder, con voz tranquila pero distante: «Nunca me he arrepentido».
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