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Capítulo 929:
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Circulaban rumores de que Rhys había intentado reintegrar a Anika en la familia Green, pero que el mayordomo de la familia la había rechazado antes de que pudiera siquiera cruzar el umbral. También se habló de su fallido intento de introducir a Anika en el entorno corporativo del Grupo Green, cuya entrada fue bloqueada por Brixton. Patrick y Hamilton, por su parte, ignoraron convenientemente los esfuerzos de Rhys por comunicarse con ellos por teléfono.
Los relatos que llegaron a Harlee estaban teñidos de un sentimiento claro: Anika no era bienvenida, y surgieron muy pocos detalles sobre el propio Rhys.
Justo cuando Harlee se encontraba reflexionando sobre Rhys por tercera vez ese día, él apareció de repente en el centro de su enfrentamiento con una banda de delincuentes de Nueva York.
«¿Por qué estás aquí?», preguntó Harlee, con asombro en la voz. Esta misión, asignada por Baldrick, debía ser una operación encubierta, conocida solo por Tonya.
Rhys no ofreció una respuesta directa. En su lugar, la advirtió con sinceridad urgente: «Si sigues perdiendo la concentración, esos criminales se escabullirán».
«¿Eh?». La atención de Harlee volvió al presente, aunque la confusión aún nublaba su rostro. La participación de los criminales de Gruinia había sido un secreto compartido solo con Tonya y Baldrick.
A pesar de su sorpresa inicial, la gravedad de la situación rápidamente la llevó a centrarse de nuevo en la amenaza inmediata. Respiró hondo, lista para afrontar el desafío de frente.
Harlee dio la orden: «Yo iré por la derecha, tú cubre la izquierda. Juntos, los acorralaremos por ambos lados». Había emprendido esta misión sola, sin Ritchie ni el equipo.
Esperando lo peor, la repentina llegada de Rhys convirtió su desesperación en esperanza.
Con una sonrisa pícara, Rhys bromeó: «A ver quién puede atrapar a más».
Juntos, se movían con agilidad, pero el abrumador número de adversarios significaba que algunos se les escapaban.
«¡Sube!». Mientras Harlee se lanzaba hacia delante, el rugido de un motor se hizo más fuerte, y la mano fuerte de Rhys la tiró a la motocicleta.
Era la misma moto en la que Rhys había hecho su espectacular entrada, aunque no había podido alcanzarla hasta ese momento, al verse obligado a acercarse a pie debido al caos.
Los pensamientos de Harlee divagaban. Viajar en la parte trasera de la moto era una experiencia nueva para ella. No se había dado cuenta de que Rhys tenía una vena tan salvaje.
Al reflexionar sobre ello, Harlee se dio cuenta de que su pasado compartido no era tan extenso como había pensado, y sus sentimientos se habían intensificado por los tres años de su ausencia.
Mientras la motocicleta aceleraba por el camino embarrado, Harlee mantuvo obstinadamente las manos quietas, resistiéndose a la tentación de aferrarse a Rhys.
—Agárrate fuerte. Va a haber baches —le gritó Rhys por encima del viento.
Harlee vaciló brevemente, con un destello de incertidumbre en los ojos, pero luego apretó con determinación los dedos alrededor del respaldo de la moto. Si no fuera por la naturaleza apremiante de la misión, habría evitado cualquier otro enredo con él.
Sin que ella lo supiera, una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de Rhys.
Con un movimiento repentino y feroz, Rhys aceleró a fondo, liberando toda la potencia del motor. La motocicleta se lanzó hacia adelante, sus neumáticos se clavaron en el accidentado camino, cada bache y cada caída enviaban sacudidas a través de sus cuerpos.
Acorralada por las circunstancias, Harlee dejó de lado sus reservas iniciales y envolvió con fuerza sus brazos alrededor de la cintura de Rhys.
Aferrarse al respaldo ya no era una opción: se había vuelto demasiado precario y arriesgado.
El viento azotaba contra ella, frío e implacable, alimentando una oleada de adrenalina en su interior.
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