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Capítulo 794:
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Al enfrentarse al hombre que amaba, temía que cualquier retraso hiciera añicos la poca dignidad que le quedaba, lo que la llevaría a un colapso emocional.
Jonathan dejó escapar un largo suspiro de exasperación antes de marcar a regañadientes el número de Tonya.
No se atrevería a llamar a Harlee dos veces en un día.
Valoraba demasiado su vida como para arriesgarse.
Una vez que se conectó la llamada, Jonathan dijo vacilante: «Tonya, eres mi última esperanza…».
La impaciencia de Tonya era evidente.
«Date prisa, ¿quieres? Me lo estoy pasando bien aquí».
Por el tono cortante de su voz, Jonathan se dio cuenta de que Tonya estaba con ese hombre insufrible, Ritchie.
Temiendo que Ritchie pudiera distraer a Tonya y hacer que terminara la llamada prematuramente, Jonathan se apresuró a explicar la peculiar petición de Margo.
«Oh, lo entiendo. Se lo pediré a Harlee por ti mañana», respondió Tonya.
Justo cuando Jonathan abrió la boca para darle las gracias a Tonya, la línea se cortó con un clic abrupto.
Con un suspiro, Jonathan se dio cuenta de que la paciencia de Tonya con él era solo un poco mejor que la de Harlee.
Al día siguiente, a las 2 p. m., Tonya llegó a las imponentes puertas de la Mansión Remson.
Su vestido blanco de flores se balanceaba suavemente con la brisa, combinando a la perfección con sus zapatos de lona.
Al entrar, Tonya vio a Hamilton y Patrick descansando en el patio, bebiendo café.
Desde la distancia, parecían la pareja perfecta.
Mientras el pensamiento pasaba por su mente, Tonya lo descartó rápidamente. Pasar demasiado tiempo con Jonathan le había estado jugando una mala pasada, llenando su cabeza de todo tipo de ideas extrañas.
Con expresión serena, Tonya entró con garbo en el patio.
Sin perder el ritmo, Patrick se apresuró a saludar a Tonya, rebosante de deferencia.
—¡Señorita Santos! Cuánto tiempo sin verla. Está aún más impresionante. Siempre fue como un hada, pero ahora, apenas encuentro palabras para describir su belleza.
Aunque Tonya agradeció el halago, su tono se mantuvo frío.
—Solo dígame lo que quiere.
Siendo el más diplomático con Rhys y el único con el que Tonya sentía que podía hablar, Patrick preguntó: «Bueno, ¿podrías darme otro trozo de ese caramelo que me diste la última vez?».
Al principio, Patrick había pensado que le había dado el caramelo porque lo encontraba encantador. No fue hasta que sintió un extraño amargor en la boca y se comió el caramelo que se dio cuenta de que era cualquier cosa menos corriente.
Tonya arqueó una ceja ante su petición. Parecía que un cliente se estaba acercando activamente a ella para llegar a un acuerdo.
Sonrió y respondió: «Una pieza por un millón, sin regateo. Lo tomas o lo dejas».
Los ojos de Patrick se abrieron como platos con una sorpresa exagerada.
«¿Un millón? ¡Eso es muy barato!». Sin perder el ritmo, sacó su teléfono y transfirió tres millones a Tonya.
«En ese caso, me llevaré tres piezas».
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