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Capítulo 753:
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Al observar la escena, Harlee sonrió suavemente y los saludó con un tono tranquilo y suave.
«Hola, señor Green, señora
Green».
Al oír la voz de Harlee, José levantó la vista y la miró fijamente con frialdad, escudriñándola con la mirada como si intentara descubrir algo oculto en su expresión.
Harlee, imperturbable ante su escrutinio, le devolvió la mirada con una confianza inquebrantable. La intensidad de su presencia acabó obligando a José a apartar la mirada, como abrumado por la pura asertividad que proyectaba. Negándose a creer que Harlee pudiera irradiar tal autoridad, achacó su reacción al cansancio, culpando a sus ojos cansados y a sus excesivos parpadeos.
Belinda, ya enamorada de los regalos, estaba ansiosa por que Harlee se los entregara formalmente. Así que, ante el educado saludo de Harlee, Belinda se volvió inmediatamente hacia ella con una sonrisa de bienvenida.
—Siéntate.
José, sorprendido por la repentina cordialidad de su esposa, siguió su mirada y se dio cuenta de que los regalos la habían cautivado por completo.
Su irritación aumentó. En su mente, todos esos regalos eran obra de Rhys, un intento de congraciarse con su esposa.
En cuanto a Harlee, supuso que ella no había contribuido en nada al gesto.
Su desdén por ella no hizo más que crecer.
Con un resoplido desdeñoso, José se alejó de las cajas de regalo, resuelto a rechazar la idea de que Harlee se casara con un Green.
Harlee, imperturbable, mantuvo su sonrisa serena y tomó asiento con elegancia.
«Es usted muy amable, señora
Green».
A pesar de su ardiente deseo de probarse las joyas, Belinda dudó.
Harlee no hizo ningún movimiento para invitarla a hacerlo, dejando un aire de tensión en la habitación.
Belinda, atrapada entre el orgullo y la emoción, se abstuvo de mostrar su placer por los impresionantes regalos de Harlee. El silencio se hizo pesado.
Incapaz de contenerse por más tiempo, Belinda peló una naranja y se la entregó a Harlee.
—Harlee, ¿verdad? Ya que tú y Rhys estáis enamorados, no me interpondría en vuestro camino…
—¡Jade! —interrumpió José bruscamente, su grito cortando el momento como una espada.
Belinda, visiblemente enfurecida, abofeteó a José con fuerza.
—José, ¿cuántas veces te he dicho que no me llames Jade?
José se quedó paralizado al darse cuenta de su error. Abrumado por la mirada penetrante de Harlee, había soltado el nombre que su esposa detestaba. Sin embargo, con Harlee en la habitación, su orgullo no le permitió disculparse y se mantuvo obstinadamente en silencio.
Con los dos conjuntos de joyas y vestidos de alta costura, Belinda ya había considerado a Harlee su futura nuera.
Belinda nunca había mostrado respeto a José delante de la familia, así que cuando no oyó una disculpa de su parte, se abalanzó sobre él con toda la furia que pudo reunir.
Los ojos de Harlee se abrieron como platos, incrédula. Hacía mucho tiempo que nada la había conmocionado tanto.
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