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Capítulo 536:
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Su mirada sobre el gerente del centro comercial era gélida y penetrante.
«¿No sabe que ella es la dependienta que pedí específicamente?», comentó con brusquedad.
El gerente del centro comercial le dedicó una sonrisa irónica y de disculpa.
«Lo siento, señorita Morgan, pero reincorporar a una dependienta no está dentro de sus competencias».
La tez de Lindsay se puso de color carmesí por la humillación.
En un arrebato de rabia, Lindsay se levantó y dio una fuerte bofetada al gerente del centro comercial.
«¿Sabe siquiera quién soy? ¿Tiene idea de cuánto gasto aquí cada mes? ¿Es esta su forma de tratar a una valiosa clienta?».
Su furia se desbordó en preguntas rápidas y directas. En el fragor de su diatriba, declaró su intención con fuerza: «Presentaré una queja formal. ¡Exijo que sea despedido de este puesto!».
El comportamiento del gerente del centro comercial se mantuvo sereno y cortés.
«Le pido sinceras disculpas si se sintió ofendida, señorita Morgan. En cuanto a su queja, ¿le ayudaría si le explico cómo puede presentarla oficialmente?».
En circunstancias normales, enfrentarse a Lindsay supondría una expulsión inmediata.
Sin embargo, con el apoyo de Harlee, ni siquiera la llegada de otra figura influyente como Lindsay intimidaría al gerente del centro comercial.
La expresión de Lindsay se ensombreció de inmediato. Percibió el insulto subyacente en las palabras del gerente del centro comercial con total claridad.
Estaba insinuando que, por mucho que se quejara, no tendría ningún impacto en él.
Las risitas de los alrededores se hicieron más fuertes y más claras.
Atrapada entre la vergüenza y la ira, Lindsay apretó los dientes con irritación y replicó: «¡No hace falta! ¡Me aseguraré de que pierdas tu trabajo por esto!».
Harlee observó la creciente tensión con aire distante y le dijo al gerente del centro comercial: «Las consecuencias las tendrás que asumir tú.
Y en cuanto a este vestido…».
Al echar un vistazo al impresionante vestido que la dependienta había estado intentando venderle a Tiffany desde que entraron, Harlee tomó una decisión.
«Me lo llevo. Por favor, empaquételo».
El gerente de la boutique intervino rápidamente.
«Señorita Sanderson, entendemos la necesidad de mejorar la formación de nuestro personal. Para compensarlo, ¿puedo ofrecerle este vestido a su amiga como regalo?».
Harlee frunció el ceño.
«No será necesario».
El gerente de la boutique dijo rápidamente: «Es el deseo explícito de la propietaria. Si lo rechaza, me temo que podría causar más problemas…».
Harlee extendió su tarjeta de crédito con un aire de confianza.
«Adelante, cárguela».
«Si hay algún problema, debería venir a verme primero». Su voz tenía un tono escalofriante y asertivo, lleno de un inconfundible toque de arrogancia.
Los espectadores estallaron en una conmoción.
Claramente, Harlee no solo tenía conexiones con los altos ejecutivos de este centro comercial, sino que también se trataba familiarmente con el propietario de esta boutique de lujo.
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