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Capítulo 491:
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Mientras Harlee permanecía en silencio, Etta continuó su farsa, presentándose como alguien que simplemente había pedido un favor inofensivo a Harlee, solo para encontrarse con una fría hostilidad.
Su actuación comenzó a influir en los espectadores, que empezaron a abuchear y a lanzar comentarios despectivos en dirección a Harlee.
«¡Qué arrogante es la señorita Sanderson!», se burló sarcásticamente un espectador.
«No me extraña que sea la hija de la familia Sanderson.
Etta prácticamente está suplicando de rodillas, y Harlee ni siquiera pestañea», añadió otro con desdén.
«¡Es como si Etta pidiera un préstamo de un millón de dólares, no solo que la lleven!», se burló un espectador.
En medio de las burlas y las miradas despectivas, la expresión de Harlee seguía siendo indescifrable. Incluso le dirigió a Lindsay una sonrisa irónica, con un comportamiento tranquilo y una silenciosa confianza.
«¿Todavía piensas seguir con esta farsa?», preguntó Harlee, con un tono gélido mientras jugaba casualmente con su teléfono. Con un movimiento deliberado, subió el volumen y reprodujo un vídeo.
Cuando el incriminatorio vídeo de Etta comenzó a reproducirse en la pantalla, el pánico se reflejó en el rostro de Etta.
Desesperada, se abalanzó sobre el teléfono de Harlee, pero Harlee se apartó con elegancia, lo que provocó que Etta tropezara y casi cayera de bruces. La conmoción cesó abruptamente y el aire se llenó del inconfundible audio del vídeo.
En cuestión de segundos, la multitud se dispersó, dejando un inquietante silencio a su paso.
Harlee permaneció imperturbable, con una sonrisa fría pero divertida en los labios.
«La próxima vez, intenta mantener tu verdadero yo oculto», dijo con frialdad.
«Y deja esos juegos trillados. No funcionan conmigo. Muy pronto, otros también empezarán a ver a través de ellos».
Etta, completamente desprevenida, se sonrojó de humillación.
Su indignación estalló mientras miraba a Harlee con incredulidad.
«¿Qué clase de monstruo eres?», exigió, con la voz temblando de frustración y desesperación. Hiciera lo que hiciera, Harlee siempre parecía ir un paso por delante.
La mirada de Harlee era abiertamente desdeñosa.
«Suplícame y tal vez considere la idea de ilustrarte», respondió, con la voz rebosante de burla.
La expresión de Etta se ensombreció y una réplica impulsiva brotó de sus labios.
Pero el peso de su entorno público, junto con la amenaza inminente de que una foto poco favorecedora apareciera en Internet, la obligó a tragarse su ira. La idea de destruir su reputación cuidadosamente construida frenó su respuesta.
En cambio, se enfureció en silencio, con voz baja pero amarga.
«No te confíes demasiado, Harlee. ¡La suerte te va a dejar algún día!».
«¿Ah, sí?», replicó Harlee, con un tono rebosante de confianza, como si tuviera el control total de la situación.
«Esta vez, por respeto a Callie, voy a dejarlo pasar».
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