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Capítulo 484:
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A medida que el calor volvía a sus huesos, el mundo que rodeaba a la pequeña Harlee, que antes era monocromático, florecía en colores vivos. Vio al joven sonriéndole con ánimo, con una sonrisa radiante.
El joven le explicó que sentirse impotente era natural en esta etapa y le sugirió que se adentrara en el mundo de la piratería informática para liberarse de sus limitaciones.
La curiosidad de la pequeña Harlee se despertó, sus ojos redondos y brillantes de asombro. En voz baja, preguntó: «¿Puede el hacking ser realmente tan poderoso?».
Cautivado por su inocencia, el chico asintió vigorosamente.
«¡Por supuesto! ¡Es increíblemente poderoso! Sin embargo, no es algo que todo el mundo pueda dominar. Yo, por ejemplo. ¡No sé hackear!».
La pequeña Harlee se rió tontamente ante su sincera confesión, encontrándolo completamente entrañable. Se inclinó impulsivamente y le dio un besito en la mejilla.
«Definitivamente lo intentaré. ¡Gracias!». El niño, momentáneamente aturdido por su gesto, se tocó la mejilla incrédulo hasta que un anciano lo alejó, dejándolo todavía desconcertado por el encuentro.
De repente, Harlee se despertó sobresaltada, con los pensamientos enredados en la extrañeza del sueño que acababa de tener.
Abrió los ojos y se volvió para mirar la foto del chico que tenía en la mesita de noche, recordando el sueño. Se dio cuenta de por qué había sentido un vínculo inexplicable al conocer a Rhys por primera vez.
Era el mismo chico que la había introducido en el mundo del hacking años antes.
Para Harlee, el sueño era más que una mera fantasía.
Era un vívido eco de su juventud.
Antes de que Barbara tomara a Harlee bajo su protección en la residencia Gill y asegurara su compromiso con Collin, Averie había dejado cruelmente sola a Harlee en un parque una vez. Esas horas, llenas de incertidumbre y miedo, habían marcado el período más difícil de la infancia de Harlee y un momento crucial en su vida.
Al recordar al pequeño y confiado Rhys en su sueño, que había insistido en que no dominaba la piratería informática, Harlee no pudo evitar reír.
Había cambiado tanto desde entonces…
En ese momento, un golpe resonó en la habitación. La puerta se abrió suavemente y Rhys entró lentamente, agachándose frente a Harlee.
Su voz era perezosa y ronca cuando preguntó: «¿Estás despierta? El desayuno está listo».
El corazón de Harlee se agitó, el familiar timbre de su voz le cosquilleaba deliciosamente los oídos. El momento de su presencia y su seductora voz eran casi perfectos. Entonces, Harlee se dio cuenta de que había pasado la noche en casa de Rhys, con el consentimiento de Brenton.
Se incorporó gradualmente, sus ojos escudriñando su rostro con seriedad. Rhys respondió a los ojos inquisitivos de Harlee con una suave sonrisa, permaneciendo en silencio, dejando que su mirada explorara sus rasgos.
Harlee recordó al chico de su sueño, comparando el recuerdo con el hombre que tenía ante sí.
Su sonrisa reflejaba la expresión brillante e inocente que recordaba tan vívidamente.
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