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Capítulo 1551:
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Rickey conocía muy bien la verdad sobre sí mismo. Claro, su fuerza, sus habilidades y su puntería habían mejorado drásticamente en solo un mes, pero eso no cambiaba la cruda realidad: su nombre estaba en la picota. Mientras él mejoraba, también lo hacían los demás soldados.
Al oír esto, todos bajaron la cabeza en silencio, con el ánimo apagándose como una llama en una corriente de aire. ¿Quién podría negar la verdad de esas palabras? A medida que el agotamiento de…
Los agotadores ejercicios de campo se establecieron, y este campamento se sentía como un hogar en su propia y extraña forma, más reconfortante que la calidez de sus propios y acogedores hogares.
Mooney y Rosie estaban sentadas una al lado de la otra, casi rozándose los hombros. Sus miradas se cruzaron por un momento, y algo no dicho pasó entre ellas: una conexión silenciosa que se hacía más fuerte cada día. En solo un mes, se habían apoyado y empujado mutuamente, y su vínculo se había profundizado. Estaban a punto de algo más, y solo necesitaban el momento adecuado para expresarlo.
Su franqueza hacía difícil que los demás no se dieran cuenta. Ver cómo se desarrollaba su incipiente romance provocaba una mezcla de envidia y admiración. Después de todo, encontrar el amor verdadero en el ejército era más raro que encontrar oro en el desierto. Sin embargo, esta noche, nadie estaba de humor para burlarse de ellos. En tres minutos, diez reclutas abandonarían el campamento para siempre. Las reglas eran las reglas, y no se doblegaban ante los sentimientos.
Instintivamente, todos miraron a Harlee. Estaban desesperados por saber si se habían ganado el derecho a quedarse o si sus esfuerzos habían sido insuficientes.
Incluso Lionel, que había encabezado la clasificación varias veces durante el mes, estaba inquieto. Aunque su rendimiento fue fuerte, los estándares de Harlee eran tan impredecibles como el viento. Hubo momentos en los que estaba seguro de que Rita ocuparía el primer puesto, solo para escuchar su propio nombre anunciado en su lugar.
La fría mirada de Harlee recorrió el grupo. Su expresión era tan tranquila y distante como una estrella en el cielo nocturno, imposible de descifrar. Se metió el teléfono en el bolsillo con indiferencia, se puso de pie y se estiró con deliberada facilidad. La luz de la luna suavizaba las líneas marcadas de su rostro, dándole un aire de tranquila elegancia.
Por un momento, todos quedaron paralizados, algunos incluso la miraban con una reverencia que no entendían del todo.
«Así que os morís de ganas de saber los resultados, ¿eh?», preguntó Harlee con tono tranquilo.
«¡Sí!», respondieron al unísono los reclutas, con voces llenas de una mezcla de expectación y aprensión. Entonces, uno a uno, empezaron a hablar con seriedad.
«Señora, estamos preparados para cualquier cosa. En cualquier caso, necesitamos saberlo. Este mes nos ha cambiado la vida y queremos ponerle fin».
«¡Exacto! ¡Aceptaremos los resultados sean cuales sean!».
Su sinceridad era evidente, y Harlee asintió con la cabeza en señal de reconocimiento.
«Muy bien».
Harlee llamó a Alina con voz firme. Momentos después, Alina salió de la tienda, con expresión tranquila y serena.
Sus miradas se cruzaron brevemente, intercambiando un entendimiento silencioso. El sutil asentimiento de Harlee fue la única señal que Alina necesitó. Alina se dirigió con confianza al frente del grupo, su voz cortando la tensión como un cuchillo.
«En esta ronda eliminatoria, la mitad son hombres y la mitad son mujeres», anunció sin ninguna preparación innecesaria.
El peso de sus palabras golpeó como un martillo. Un silencio cayó sobre los reclutas, con la respiración contenida en sus gargantas como si una fuerza invisible les hubiera robado la voz.
La mirada de Alina recorrió el grupo, sus ojos agudos y calculadores. Comenzó a leer los nombres de los eliminados, su tono inquebrantable.
«Leif Hanson, Adkins Benton, Zoya Hobbes… y Rickey Deleon. Los doce dejaréis el campamento de entrenamiento mañana por la mañana».
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