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Capítulo 1415:
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Harlee se quedó allí, atónita. Lucius estaba completamente loco. Si ella fuera Nicola, ni siquiera se le ocurriría aceptar su retorcido afecto; probablemente lo mataría sin pensárselo dos veces. Mantener vivo a alguien como él en la sociedad era un completo desperdicio.
Al principio, Harlee había planeado quedarse con Lucius y tomarse su tiempo para que revelara sus secretos. Pero ahora, se inclinaba por un método mucho más simple y directo: tenderle una trampa y luego eliminarlo para siempre.
«Bien, si no tienes miedo, nos vamos», dijo Harlee con voz firme.
—Pero primero, tengo que llamar a Rhys. Si aparezco en la isla contigo, ¿crees que Rhys, que no sabe nada de nada, no ordenará a sus hombres que te disparen en cuanto te vean?
—¡No intentes jugar conmigo! —espetó Lucius, con la voz hirviendo de rabia. En una ocasión, su rápido ingenio le había cautivado. Ahora, le hervía la sangre.
Harlee no respondió, ni pidió el teléfono. Simplemente se quedó allí, con los ojos vacíos de emoción.
Lucius, luchando contra la tentación de atacarla, sintió que su paciencia se agotaba. Respiró lentamente, le puso el teléfono en la mano y gruñó: «Toma, date prisa».
—De acuerdo —respondió Harlee, con tono frío, mientras le quitaba el teléfono. Abrió la lista de contactos y empezó a buscar el número de Rhys.
En cuanto lo encontró, la voz de Lucius rompió el silencio, aguda y amenazante.
«Ni se te ocurra intentar nada. El antídoto está escondido en un lugar seguro. Me llevarás a la tumba de Nicola y me contarás todo sobre su vida en estos últimos años. Solo entonces te daré el antídoto».
Lucius estaba seguro de que Harlee no arriesgaría la vida de su bebé. Sabía lo que más le importaba.
«Lo sé», dijo Harlee con voz tranquila.
—Ya lo oirás todo. Ahora, solo escucha mi llamada con Rhys.
Mientras Lucius despotricaba, Harlee ya estaba abriendo la aplicación de comunicación segura utilizada por la Sociedad Sombra de la Luna, redactando rápidamente un mensaje en el que detallaba su situación actual y esbozaba los siguientes pasos.
Rhys contestó casi al instante.
—Lee, ¿dónde estás? —Su voz era urgente, llena de preocupación. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, y la preocupación en su voz era inconfundible.
Lucius le lanzó a Harlee una mirada de advertencia, con ojos afilados como dagas, diciéndole en silencio que no revelara nada que no debiera.
Harlee le devolvió la mirada con una sonrisa tranquila, haciendo un gesto de OK con los dedos. Habló por el teléfono, con voz firme.
—Rhys, ahora estoy a salvo. No te llamé antes porque encontré una pista sobre el maestro. Si hubiera dudado, podría habérmela perdido.
Mientras Harlee hablaba, sus dedos se movían hábilmente sobre la pantalla del teléfono, escribiendo mensajes tan ligeramente que cualquiera que lo viera desde la distancia no se daría cuenta.
«Lucius quiere que lo lleve a la tumba de Nicola. Su comportamiento cambia constantemente y no puedo evitar sentir que esconde algo».
Por otro lado, Rhys leyó el mensaje de Harlee en el teléfono de Desmond, con el temperamento hirviendo bajo la superficie. Cuando finalmente habló por la línea, su voz era abrasadora.
«¿Yéndote por tu cuenta así? ¡Harlee, eres imposible! ¿Acaso recuerdas que estás embarazada? De verdad…».
Harlee intentó calmarlo, pero Rhys no cejaba, enmascarando sus verdaderas emociones con ira fingida.
Rhys escribió rápidamente en la tableta lo que quería preguntar y le pidió a Desmond que se lo transmitiera usando la aplicación exclusiva de la Sociedad Sombra de la Luna.
«¿De verdad tenemos que seguir con este plan?».
Harlee apretó los labios. Aunque el mensaje de Rhys parecía una resistencia, tenía un tinte de aceptación, insinuando que Goodwin aún no había encontrado una solución para el veneno que corría por sus venas. Sus dedos golpearon la pantalla y su respuesta llegó rápidamente.
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