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Capítulo 1149:
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Harlee decidió no reconocer el sutil gesto de Rhys. A veces, guardarse las cosas para uno mismo hacía que se apreciaran más, así que mantuvo los ojos firmemente cerrados.
Quizás fue la comodidad de la cama o la relajante fragancia de Rhys lo que finalmente llevó a Harlee a un sueño profundo y reparador.
Mientras tanto, Rhys se sumergió de nuevo en un mar de dudas. Si nunca recuperaba sus recuerdos perdidos, ¿en qué tipo de persona se convertiría? ¿Qué dirección debía tomar? ¿Debía seguir el camino que había elegido, avanzando paso a paso? ¿O debía sumergirse en las profundidades de su propio pasado y esculpir una nueva identidad influenciada por él?
Mientras luchaba con estos pensamientos, Rhys sintió que Harlee se movía.
Mientras dormía, Harlee se giró y colocó una pierna sobre la cintura de Rhys, aferrándose a él como un koala.
Su cabeza encontró un lugar de descanso en su brazo.
Rhys se quedó paralizado. ¿Era esta posición siquiera cómoda? Bajó la mirada para verla acurrucada en sus brazos con satisfacción, con una expresión de felicidad como si estuviera perdida en un sueño maravilloso.
Sus ojos se desplazaron involuntariamente hacia sus suaves labios. Parecían tan… De repente, a Rhys se le secó la garganta y una extraña calidez lo invadió.
Presa del pánico, Rhys apartó suavemente a Harlee y saltó, sentándose en el suelo.
Respiró profundamente, su hermoso rostro reflejaba confusión, como si acabara de ver algo más aterrador que un fantasma.
A partir de ese momento, el sueño lo eludió y no se atrevió a volver a la cama.
Esa noche, Rhys no fue el único que luchó contra el insomnio. Los guardias secretos de la mansión Remson vigilaban atentamente el avance de esos asesinos, mientras Waylon, consumido por la furia, también permanecía despierto.
La subasta benéfica internacional había concluido con éxito. Waylon había ganado casi mil millones y había logrado canalizar parte de sus ganancias ilícitas hacia empresas legales.
Liliana, siempre complaciente, encendió una chispa de deseo en Waylon, lo que le llevó a llevarla al dormitorio repetidamente. Sin embargo, su atención estaba puesta principalmente en los asesinos.
Liliana se posó en la cama, esperando a que Waylon terminara sus tareas antes de recostarse suavemente en su abrazo.
«Sr. Salazar, tengo que decirle algo importante.
¿Tiene un momento? Liliana era consciente de que derrotar a Harlee, una enemiga astuta, por sí sola era casi imposible, pero la idea de permitir que Harlee siguiera dominando sin control era insoportable. Pensó que había aplastado a los poderosos Green Group y Sanderson Group, y arruinar a Harlee no debería ser un problema.
Waylon, desinteresado, ni siquiera la miró.
—Estoy ocupado. Puede esperar.
Liliana le agarró la mano con firmeza, con un tono inusualmente serio.
—Sr. Salazar, lo que tengo que decir es crucial. Por favor, concédame un momento. No quiero que le hagan daño.
¿Hacerle daño? ¿A él? ¿Quién demonios podría suponer una amenaza para él? Waylon se burló con desdén, con un toque de enfado en el rostro.
—Liliana, hoy te estás pasando.
Liliana inclinó la cabeza, mordiéndose el labio con tanta intensidad que casi le sangró.
Sus manos se cerraron en puños, temblando levemente, pero a la sombra de su miedo a Harlee, reunió un atisbo de valentía.
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