✨ Nuevos capítulos cada martes y viernes
✨ Descubre más novelas completas aquí
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 90:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
“Imposible…”.
Lorena vio por la ventana a Johan, estaba divertido escuchando a la pequeña Cari. No parecía la clase de hombre que haría tales cosas.
“Tenemos que deshacernos de él…”.
“Álvaro… tal vez ya se regeneró…”.
“¿Regenerarse? Alguien así solo sale de la cárcel para volver a delinquir”.
“Sí quisiera hacernos daño, hubiera mentido sobre su nombre… o ya hubiera robado algo. Tal vez…”
“Tal vez a ti te falta malicia. No tuviste que dejar entrar a cualquier desconocido a la casa”.
“Eso hice con Frida y mira, acerté”, dijo Lorena cruzándose de brazos.
“Hablaré con la Señora Frida, si es necesario, con el Señor Román. Ese hombre es un peligro para todos.
“No puedes juzgarlo…”.
Llevaba una semana trabajando como jardinero y aunque no era muy parlanchín, parecía buena persona, Lorena tenía fe en él.
“Lorena…”.
“Solo… Déjame hablar con él”.
“¡¿Estás loca?! ¡Es peligroso! Hay que llamar a la policía…”.
“¡Ay por favor! ¡Cálmate!”, exclamó Lorena arrojando el trapo de cocina a la encimera y salió al jardín, dispuesta a enfrentar a Johan.
“Cari, ¿Podrías ir adentro? Necesito hablar con Johan a solas”.
“¿Por qué? ¿Te gusta?”, preguntó la niña con inocencia, sonrojando a Lorena en cuanto percibió la mirada de Johan en su rostro.
“Me acaba de decir que no tiene novia. Cari levantó las cejas repetidas veces, elevando la incomodidad de Lorena”.
“Cari, por favor… ve adentro”, insistió con el rostro enrojecido.
Sus intenciones por parecer seria no eran suficientes. La niña entró a la casa cabizbaja, arrastrando los pies, desilusionada por dejar a su nuevo amigo solo.
“Encantadora niña”, dijo Johan poniéndose de pie y sonriendo divertido por la actitud de Lorena.
“¿De qué quieres que hablemos?”.
“¿Por qué no me dijiste que habías estado en la cárcel?”, preguntó cruzada de brazos y con la mirada cargada de preocupación.
“¿Sabes lo difícil que es conseguir trabajo cuando has estado en ese lugar? Nadie te quiere contratar… tenía miedo de que me rechazara”.
Johan se acercó y notó que Lorena no retrocedió. No le tenía miedo, pero mantenía ese gesto triste, estaba desilusionada.
“No tenías que mentir…”.
“¿Habrías intercedido por mí de la misma forma?”.
“Sí, creo que todos merecen una segunda oportunidad, pero mentir no ayuda”.
“Y ahora… ¿Qué harás? ¿Pedirás que me vaya?”.
“¡Justo eso tienes que hacer!”, exclamó Álvaro acercándose con instinto protector.
“Toma tus cosas y vete antes de que llame a la policía”.
“¡Álvaro!”, exclamó Lorena y con ambas manos en el pecho del abogado, lo mantuvo a raya”
“Ya basta”.
“No es momento para arriesgarnos… piensa en esta familia, piensa en los niños y en la Señora Frida… ¿Vas a arriesgarnos de esa forma?”.
“No estoy aquí para delinquir… solo quiero trabajar de manera honesta y ganarme el pan. Lo he demostrado”, dijo Johan molesto.
“¿Crees que le voy a creer a alguien con un pasado tan oscuro?”.
“Tu jefe parece tener un pasado aún más oscuro y no veo que le temas… ¿Cuál es la diferencia? ¿Mi posición social? ¿El dinero? Te recuerdo que él está en la cárcel y yo no”.
“¡Basta los dos!”, exclamó Lorena.
“Álvaro… por favor, yo me hago responsable de Johan. Si no tienes fe en él, entonces ten fe en mí”.
“No es mi decisión… la Señora Frida tendrá que saber esto y escoger lo mejor…”, expresó Álvaro aún molesto y dio media vuelta.
“Lamento haberte metido en problemas…”, dijo Johan y suspiró con pesadez.
“Me iré cuanto antes… solo recogeré mis cosas y…”
“Hablaré con Frida, entenderá…”, indicó Lorena.
“¿Por qué lo haces? No me debes nada…”.
“Porque tengo fe en que eres una buena persona…”, respondió Lorena posando su mano en el hombro de Johan.
“Quiero creer que aprendiste de tus errores y te mereces una segunda oportunidad. El negártela sería orillarte a delinquir de nuevo… y creo que tienes potencial para hacer cosas hermosas que no tengan que ver con plomo y sangre”.
Señaló la parte del jardín que comenzaba a florecer.
El trabajo de Johan había surtido efecto en esos días y se notaba.
“¿Meterás las manos al fuego por mí?”, preguntó desconcertado.
“Me deberás una”, respondió Lorena y le guiñó un ojo antes de disponerse a entrar en la casa, dejándolo confundido.
“Están decidiendo mi futuro en esta casa…”,dijo Johan revisando su arma mientras hablaba por celular con Marianne.
“Entonces tendrás que actuar rápido. Recuerda que tienes que comenzar con sus hijos y después acabar con ella…”.
“Ya sé, no tienes que repetirme las cosas”.
Johan colgó de inmediato y vio su arma mientras las palabras de Lorena se repetían en su cabeza. Era la primera vez que alguien lo veía con piedad. Siempre fue un rechazado y las mujeres solo lo veían con miedo o lujuria, pero nunca con esa ternura tan dulce que Lorena dedicó.
Apretó los dientes, molesto, sacó su pasamontañas negro para cubrir su rostro y cortó el cartucho de su arma. Sabía lo que tenía que hacer y no claudicaría por un par de ojos lindos.
Román tenía la mirada clavada en el techo de su celda, no tenía sueño, algo le inquietaba. De pronto escuchó un golpe en los barrotes, llamando su atención.
Del otro lado, en el pasillo, Gerard sonreía. Su rostro estaba magullado por todas esas golpizas que Román le había dado, pero su sonrisa era la más radiante de toda la cárcel.
“Debes sentirte impotente por estar aquí encerrado mientras tu amada esposa e hijos están allá afuera… luchando para sobrevivir, rechazados por tu familia y sin un centavo. ¿Sabías que tu abuelo está moribundo? ¿Cuántos días crees que le quedan de vida? Es obvio que cuando salgas de aquí, él ya estará tres metros bajo tierra”.
“Si lo que buscas es que mañana te recuerde quién manda en este lugar, con gusto lo haré… ahora déjame dormir…”.
“De hecho…”.
Gerard vio su reloj imaginario en su muñeca
“Mañana estarás muy ocupado llorando la muerte de tu mujer y tus hijos…”.
Sus palabras congelaron a Román.
“¿Creíste que Marianne se quedaría quieta? Su traición es algo imperdonable, pero hay una forma de que nos haga considerar, a mi padre y a mí, que puede ser perdonada”. Gerard se agarró de los barrotes de la celda y sonrió.
“Esta noche tus pequeños y tu amada Frida dormirán profundamente con una maldita bala en la cabeza”.
“¡No te atrevas a amenazarme de esa forma! ¡Juro que…!”.
“¿Qué? ¿Me matarás, matarás a mi padre y a mi hermana? Hazlo… la vida es lo único que tenemos por perder, eso lo entenderás mañana cuando te quedes tan solo y devastado como yo. Mátame si quieres a primera hora, no me resistiré, me iré con la satisfacción de saber que te jodí, Gibrand…”.
.
.
.