✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 64:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
«¡Quédate quieto!», gritó Brandon, con gotas de sudor empezando a formarse en su frente.
Los ojos de Evelyn recorrían rápidamente la pantalla, analizando los flujos de datos, los temporizadores de recarga y las barras de resistencia. Para ella, esto no era un juego. Era un sistema.
Y los sistemas se podían desmantelar.
Pasó al ataque. No tenía las armas pesadas que tenía Brandon. Tenía una pistola básica y un cuchillo. No debería haber sido suficiente.
Pero Evelyn inició un bucle de aturdimiento. Disparó tres veces para interrumpir la animación de ataque de Brandon, luego se abalanzó sobre él, le asestó un tajo con el cuchillo y se alejó corriendo antes de que pudiera recuperarse.
Clac, clac, clac.
La barra de salud de Brandon parpadeó en rojo. Intentó curarse, pero Evelyn se lo anticipó. Lanzó una granada justo al lugar al que él se estaba retirando.
¡Boom!
El personaje de Brandon salió volando. Evelyn lo alcanzó en pleno vuelo con un disparo de francotirador.
Sin mirilla.
𝘚𝗲́ 𝖾𝗅 р𝗿іme𝗋о e𝗻 𝗅𝖾е𝗋 𝖾n 𝗻𝗼𝗏еla𝘴𝟦faո.𝘤𝗼𝗆
Las palabras «K.O.» aparecieron en la pantalla con letras llameantes.
VICTORIA PERFECTA.
La sala quedó en silencio. El único sonido era el zumbido de los ventiladores de los ordenadores y la respiración pesada y agitada de Brandon.
Se quedó mirando la pantalla, con la boca ligeramente abierta, incapaz de comprender lo que acababa de pasar. Él era un jugador de rango Diamante. Ella era… Evelyn. La desconocida.
Evelyn se puso de pie. No sonrió. No se regodeó.
—Has perdido —dijo—. Sophie, hazte con la torre.
Brandon estrelló el mando contra el suelo. El plástico se hizo añicos.
—¡Has hecho trampa! —gritó—. ¡Has usado un aimbot! ¡Es imposible que una ama de casa juegue así!
Se levantó, con el rostro morado de rabia, y se acercó a Evelyn.
«¡Exijo una revancha! O voy a…»
Se abrió la puerta de la sala de videojuegos.
Alexander Vance entró con paso firme. Llevaba un traje gris carbón, con la corbata aflojada, pero su presencia era tan rígida e imponente como una viga de acero. Miró el mando destrozado y luego el rostro enrojecido de Brandon.
«¿Qué está pasando aquí?», preguntó Alexander, con voz grave y amenazante.
«¡Me está robando el equipo!», exclamó Brandon señalando con un dedo tembloroso a Evelyn. «¡Y me ha engañado! ¡Mira la pantalla! ¡Es una pitufa!».
Alexander lo ignoró. Se acercó a la pantalla gigante.
Observó las estadísticas tras la partida.
Jugador 1 (MaxPower): Precisión 42 %.
Jugador 2 (Invitado): Precisión 100 %.
Alexander entrecerró los ojos. Se quedó mirando los números, pero no había sorpresa en su expresión, solo una oscura y latente sensación de reivindicación.
Se volvió lentamente hacia Evelyn. Ella ya estaba ayudando a Sophie a levantar la pesada maleta, de espaldas a él, fingiendo desinterés.
—Déjalos ir, Brandon —dijo Alexander, con una voz extrañamente tranquila.
—Pero, Alex…
—He dicho que los dejes ir —lo interrumpió Alexander—. Si el equipo es suyo, se lo lleva. Y deja de comportarte como un niño que ha perdido su juguete.
Brandon miró a Alexander y luego a Evelyn. Cogió su chaqueta, le lanzó a Evelyn una mirada llena de puro rencor y salió furioso.
La sala volvió a quedar en silencio.
« «Precisión al cien por cien», murmuró Alexander, acercándose a Evelyn. Su voz era un murmullo grave, desprovisto de sorpresa. «Tal y como sospechaba. Solo una estratega actuaría con tanta eficiencia. ¿No estás de acuerdo?»
«Jugaba mucho en el orfanato», mintió Evelyn con naturalidad, aunque el corazón le latía con fuerza contra las costillas. Mantuvo el rostro impasible. «La coordinación mano-ojo era lo único que era gratis».
«No parecía que estuvieras jugando», dijo Alexander, con una mirada que atravesaba sus defensas. «Parecía que estuvieras ejecutando un código».
Evelyn levantó la vista hacia él. Sus ojos eran duros: muros de obsidiana que protegían los secretos que se escondían tras ellos.
«Quizá si dedicaras menos tiempo a analizarme y más a preguntarte por qué tu abogado intenta intimidar a las mujeres, tendrías una empresa mejor».
La reprimenda surtió efecto, pero Alexander no se inmutó. Se limitó a observarla, registrando cada microexpresión.
—Evelyn —comenzó—. Nuestro sistema ha detectado hace un rato una transmisión cifrada sospechosa dirigida a tu ubicación: un ping digital que intentaba localizarte. Hasta que localicemos el origen, no puedo dejar que regreses a las residencias. No es seguro.
Evelyn se puso tensa. —Puedo cuidar de mí misma.
«No contra esto», dijo Alexander, con un tono que no admitía réplica. «Te quedas aquí. En el ala de invitados. Hasta que yo diga lo contrario».
Evelyn quería discutir, pero vio la determinación en sus ojos. Y, en el fondo, sabía que tenía razón. Los enemigos del Oráculo se estaban acercando, y quizá el lugar más seguro fuera precisamente la propia guarida del león.
«Está bien», dijo con frialdad. « Pero no te metas en mi camino».
Salió, con Sophie siguiéndola y lanzando una mirada preocupada a Alexander, dejándolo solo bajo el resplandor azul del neón, fijando la vista en el perfil del huésped en la pantalla con aire cómplice.
.
.
.