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Capítulo 377:
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Tres meses después.
Los Alpes suizos estaban cubiertos de nieve. El chalet parecía una casita de jengibre glaseada con azúcar, pero por dentro era un centro médico de última generación.
Evelyn estaba sentada junto a la chimenea, con una manta gruesa sobre las piernas. Ya se le notaba la barriguita de embarazada, una curva bien definida bajo el jersey. Estaba escribiendo en un portátil, con código desplazándose por la pantalla.
«Deberías estar descansando», dijo la señora Vance Senior, entrando con una bandeja de té.
—Estoy descansando —respondió Evelyn sin levantar la vista—. Mi cuerpo descansa. Mi mente necesita trabajar.
—¿En qué estás trabajando?
—Alexander me ha enviado unos archivos cifrados —explicó Evelyn—. Cree que no sé que es él. Los ha enviado a través de una empresa ficticia en Singapur, solicitando «asesoramiento» sobre un algoritmo de descifrado.
La señora Vance soltó una risita. —Es persistente.
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«Los archivos son comunicaciones de la Organización Sombra», dijo Evelyn, entrecerrando los ojos. «Se está acercando, abuela. Demasiado. Ha encontrado su nodo en Berlín».
«Está haciendo lo que prometió», dijo la señora Vance. «Está haciendo limpieza».
«Está provocando a un dragón», murmuró Evelyn.
Terminó el código y pulsó «enviar». La clave de descifrado le ayudaría, de forma anónima. Era su forma de luchar a su lado, incluso a mil millas de distancia.
De vuelta en la Ciudadela, apareció una notificación en la pantalla de Alexander.
Descifrado completo.
Alexander sonrió. Era una sonrisa sombría y depredadora. Conocía ese estilo de código. Reconoció la sintaxis. Era elegante, eficiente, brillante.
Era Evelyn.
«Está observando», dijo Alexander a la habitación vacía.
Se levantó y se dirigió a la ventana. La ciudad estaba cubierta por una ligera capa de nieve. Tocó el cristal.
—Espérame, Evelyn —susurró—. Solo un poco más.
Volvió a las pantallas. El mapa de la Organización de las Sombras se estaba tiñendo de rojo, sector tras sector. Los estaba desmantelando, pieza a pieza.
Cogió el colgante de jade de su escritorio. Acarició con el pulgar el grabado «E.S.».
La persecución no había terminado. Pero la dinámica había cambiado. Ya no perseguía a un fantasma. Estaba despejando el camino para que una reina regresara.
Y que Dios ayude a quien se interponga en su camino.
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