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Capítulo 364:
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El piso franco de los Sterling era un edificio de piedra rojiza en Brooklyn, discreto y fortificado con cifrado de grado militar. Evelyn estaba sentada en el salón, aferrada a una taza de té. El amuleto de jade le pesaba sobre el pecho, un ancla que la mantenía firme en medio de la tormenta.
Willow estaba en la cocina, tecleando furiosamente en un portátil.
—Te has portado muy mal con él —dijo Willow, sin levantar la vista.
—Tenía que serlo —respondió Evelyn—. Tiene que entenderlo. No se trata solo de un mal día. Se trata de un patrón. Scarlett ha sido la tercera en discordia en nuestro matrimonio desde el primer día. Incluso desde la cárcel, lo controla.
—Ha recuperado el collar —señaló Willow.
—Sí —asintió Evelyn—. Pero ¿has visto su cara? Parecía… triste. No solo enfadado. Triste».
«Se siente culpable».
«Se siente responsable de ella», corrigió Evelyn. «Sigue creyendo que tiene una deuda con ella. Aunque sepa que no es la chica, piensa que es una víctima de su familia».
«¿Y qué hacemos?».
«Rompemos esa deuda», dijo Evelyn. «Le mostramos exactamente quién es ella. No solo una ladrona, sino un monstruo».
Su teléfono vibró. Era la profesora Lin.
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Mensaje: He analizado la muestra de sangre del «ataque al corazón» de Scarlett en la cárcel. No fue veneno. Fue una sobredosis de betabloqueantes. Calculada. Precisa. Se administró la dosis para simular un paro cardíaco sin suicidarse.
Evelyn esbozó una sonrisa sombría. «Es un genio de la medicina cuando se trata de fingir».
Ella respondió: ¿Podemos demostrarlo?
Lin: Podemos. Pero necesitamos su historial médico. El auténtico. El que Eleanor ocultó.
—Willow —dijo Evelyn—. Tenemos que piratear los archivos de la familia Sharp. Los cifrados.
Willow esbozó una sonrisa. —Por fin. Un poco de diversión.
Mientras tanto, Alexander estaba en Vance Global, revisando minuciosamente los registros financieros con Davies.
—Mira —dijo Davies, señalando una pantalla—. Una sociedad pantalla en las Islas Caimán: «Red Rose Holdings». Recibió un ingreso de cinco millones de dólares dos días antes del secuestro.
—¿De dónde? —preguntó Alexander.
—Imposible de rastrear. Crypto Mix.
—Pero fíjate en la transferencia —dijo Alexander, señalando—. Se ingresó en la cuenta offshore del Dr. Vane. ¿Y se pagó a… un bufete de abogados?
«Goldman & Weiss», leyó Davies. «El equipo de defensa de Scarlett».
«Utilizó el dinero del encargo para pagar sus honorarios», dijo Alexander, indignado. «Financió su propia defensa con el dinero que obtuvo por intentar matar a mi hija».
«Son pruebas circunstanciales», repitió Davies.
«Para mí es suficiente», dijo Alexander. «Voy a la cárcel. Voy a enfrentarme a ella».
«Señor, está en Supermax. No se admiten visitas».
«Soy el dueño de la empresa que construyó el sistema de seguridad de esa prisión», dijo Alexander, cogiendo su abrigo. «Voy a visitarla».
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