✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 248:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
El vestíbulo del Grand Hotel de Ginebra era un espacio cavernoso de mármol y pan de oro, en el que resonaban las conversaciones en voz baja de la élite médica mundial. Afuera, el aire suizo era fresco y cortante, pero dentro, el ambiente era sofocantemente cálido, cargado del aroma de perfumes caros y dinero de toda la vida.
Evelyn atravesó las puertas giratorias, con la mano firmemente envuelta en el cálido agarre de Alexander. No llevaba la sencilla gabardina con la que los Sharp esperaban que se encogiera durante aquella desastrosa cena en Estados Unidos; iba envuelta en el abrigo de terciopelo azul medianoche que Alexander le había colocado sobre los hombros al subir al jet.
El silencio que se apoderó del vestíbulo no era depredador, sino reverente.
Alexander Vance, el titán de la industria, caminaba junto a su esposa. Los rumores habían volado más rápido que su vuelo a Mach 0,9: Alexander la había reivindicado públicamente, había hecho añicos las ilusiones de la familia Sharp y se la había llevado como si fuera un trofeo.
Evelyn echó un vistazo al vestíbulo, casi esperando ver a su madrastra acechando detrás de un helecho en maceta. Pero el lugar estaba, afortunadamente, libre de miembros de la familia Sharp.
—No están aquí —dijo Alexander, leyéndole el pensamiento mientras la guiaba hacia el mostrador de conserjería. Su voz era un murmullo grave en su oído—. Volamos en un avión privado. Probablemente ahora mismo estén apretujados en clase turista en un vuelo comercial con escala en Fráncfort. No llegarán hasta dentro de seis horas.
Evelyn soltó un suspiro que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo.
—¿Lo habías planeado?
𝖳𝘶 p𝗿𝗼́х𝘪𝗆a 𝗹e𝗰𝘵𝘂𝗿а 𝖿𝘢vоrі𝘁a еѕ𝘵𝖺́ 𝗲ո ոо𝘷e𝗅𝖺𝗌𝟰𝗳𝗮𝘯.𝖼𝗼𝘮
—Lo planeo todo —respondió con naturalidad.
Llegaron al mostrador. El jefe de conserjería, un hombre con un bigote impecable, se enderezó al instante. «Monsieur Vance. Madame Vance. Bienvenidos a Ginebra».
«La suite ático», indicó Alexander, colocando su tarjeta negra sobre el mármol. «¿Y en cuanto a las otras reservas vinculadas a mi cuenta corporativa? ¿El grupo de los Sharp?».
—Sí, monsieur —asintió discretamente el conserje—. Siguiendo sus instrucciones enviadas durante el vuelo, esas reservas han sido… canceladas. Hemos informado a la agencia de reservas de que las habitaciones ya no están disponibles debido a una emergencia de fontanería.
Evelyn miró a Alexander. —¿Una emergencia de fontanería?
—Me pareció apropiado —dijo Alexander con una sonrisa burlona, los ojos oscuros de diversión—. Dada la cantidad de inmundicia que vomitan.
«Se van a enfadar muchísimo», dijo Evelyn, aunque una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios. «Ginebra está llena para la cumbre. Tendrán suerte si encuentran un albergue».
«Eso no es asunto mío», dijo Alexander, restando importancia al destino de su familia con un gesto de la mano.
Volvió a centrar su atención en ella, y su mirada se suavizó. «Lo que me preocupa eres tú. Mañana por la mañana tienes que pronunciar un discurso inaugural que cambiará el mundo de la medicina. Necesito que descanses».
Le apretó la mano, recorriendo con el pulgar los delicados huesos de su muñeca. «¿Nos vamos, señora Vance?».
«Señora Vance», » —susurró ella, sopesando el peso de ese título en este nuevo contexto. Ya no era un secreto. Era un arma. Y, por primera vez, no le importaba empuñarla.
Mientras se dirigían hacia el ascensor privado, dejando atrás a la multitud que murmuraba, Evelyn sintió el peso de las miradas: envidiosas, curiosas, calculadoras. Pero con la sólida presencia de Alexander a su lado, aquellas miradas no le parecían dagas. Parecían focos.
«Te ha gustado cancelar sus reservas», murmuró Evelyn mientras las puertas doradas se cerraban deslizándose, aislándolos del exterior.
«Solo soy humano, Senior», respondió Alexander, inclinándose para depositarle un beso en la sien. «Y protejo lo que es mío».
.
.
.