✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 167:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Alexander se dejó caer en el asiento del conductor del Koenigsegg. Le temblaban tanto las manos que apenas podía encontrar el botón de arranque.
El motor rugió al arrancar. Salió a toda velocidad de la finca Sharp, salpicando grava por todas partes.
No debería haber conducido. Lo sabía.
Pero el fuego que le corría por las venas lo estaba consumiendo. Necesitaba un punto de apoyo.
Condujo rápido, con la carretera difuminándose en rayas de luz.
Tenía alucinaciones.
Vio el pozo de la mina —la oscuridad, el frío— y a la chica. La chica que le cogía de la mano.
«¿Quién eres?», le preguntó al fantasma.
𝖳𝘶 𝗉𝘳𝗈́𝗑𝗂𝘮а 𝘭е𝖼𝘵𝘂𝘳а 𝖿𝘢𝗏𝘰𝗋i𝗍𝘢 е𝘴𝘵𝖺́ 𝗲n 𝘯𝗼𝘷𝗲𝘭а𝘴𝟦𝗳𝖺𝘯.𝘤𝗈𝗆
«Sabes quién soy», susurró el fantasma.
Tenía los ojos de Evelyn.
Alexander gimió, agarrándose al volante. «Evelyn».
No condujo hasta casa. Su GPS interno se fijó en un único lugar.
El lugar donde sabía que ella estaría.
El City Hospital.
Estaba con Julian.
Los celos se mezclaron con la droga, creando un cóctel tóxico y volátil.
Llegó al aparcamiento del hospital.
La vio.
Evelyn salía por la entrada principal, sola. Parecía cansada, frotándose el cuello. Acababa de salir de junto a la cama de Julian.
Alexander detuvo el coche. Salió tambaleándose.
«¡Evelyn!».
Evelyn se giró. Lo vio. Parecía desquiciado: sudando, con la corbata desatada, los ojos desorbitados.
—¿Alexander? —Ella dio un paso atrás—. Tienes muy mal aspecto.
Él la alcanzó en tres zancadas y la agarró por los hombros. Sus manos estaban ardientes, le quemaban a través de la fina camiseta.
—Estabas con él —gruñó Alexander—. Con Thorne.
—Es mi amigo, Alexander. Lo apuñalaron mientras me salvaba.
—Te quiere —la acusó Alexander.
La inmovilizó contra la áspera pared de ladrillo a las puertas del hospital.
—Pero tú eres mía.
—¡Alex, suéltame! ¡Estás ardiendo!
Evelyn se dio cuenta de que algo iba mal. Tenía las pupilas muy dilatadas.
—¿Qué te has tomado?
—Nada —murmuró él—. Solo… agua.
Se quedó mirando sus labios. El deseo era una agonía física.
«Mía», susurró.
Apretó su boca contra la de ella con fuerza.
No fue un beso romántico. Fue una colisión: desesperada, hambrienta, aterrorizada. La besó como si se estuviera ahogando y ella fuera oxígeno.
Evelyn se quedó paralizada. Sintió el calor antinatural que irradiaba de él, los temblores que sacudían su cuerpo. Intentó apartarlo, pero era inamovible, un muro de músculos y calor.
Por un segundo —solo un segundo— se derritió. Su necesidad era tan cruda que traspasó sus defensas.
Entonces se acordó de Scarlett.
Recordó: «Nunca la había visto en mi vida».
Lo empujó. Con fuerza.
Alexander trastabilló hacia atrás. Había perdido el equilibrio. Cayó de rodillas sobre el asfalto, jadeando con fuerza.
«¡Basta ya!», gritó Evelyn, limpiándose la boca. «¡Vuelve con tu amante!».
Alexander la miró. Sus ojos reflejaban una confusa mezcla de lujuria y desesperación.
«Ella no es…», jadeó. «Ella no eres tú».
.
.
.