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Capítulo 154:
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Scarlett gritó y trastabilló hacia atrás hasta caer en una silla, agarrándose la mejilla.
«¡Estás protegiendo a un monstruo!», le gritó Evelyn a Alexander. «¡Ella no es la chica del pozo de la mina, Alexander! ¡Es la serpiente que te mordió! »
Les señaló con un dedo manchado de sangre.
«Si Julian muere», siseó Evelyn, «os enterraré a los dos. Reduciré el apellido Vance a cenizas».
«Evelyn…», Alexander extendió su mano buena.
«No me toques», susurró ella.
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Se apartó como si él fuera ácido.
«Se acabó. Quiero los papeles del divorcio. Mañana».
Salió el cirujano. «¿Familia del señor Thorne?».
Evelyn le dio la espalda a Alexander y se dirigió hacia el médico, pasando de la postura de esposa furiosa a la de una profesional en pie de igualdad.
«Soy la doctora Evelyn Sharp», dijo con voz tranquila y autoritaria, invocando su título académico y el peso tácito de la reputación del Oráculo. «Soy la representante médica del señor Thorne. ¿Cuál es su estado?».
El médico parpadeó, reconociendo el tono de una colega. Asintió con deferencia. «Dra. Sharp. Se encuentra estable, pero la hoja le ha rozado el hígado. Tenemos que discutir el protocolo postoperatorio».
Alexander se quedó allí de pie, observando cómo ella reclamaba autoridad sobre la vida de otro hombre. La vio dejarlo completamente al margen.
Scarlett sollozaba con lágrimas falsas en la silla. «Alex, mi cara… me ha pegado…».
Alexander miró a Scarlett. La duda en su mente crecía como un cáncer.
Pero estaba cansado.
Su mano palpitaba con vida propia, con profundas laceraciones que le ardían como fuego. Ya no podía seguir luchando esa noche.
«Vámonos», dijo Alexander con voz hueca.
No ayudó a Scarlett a levantarse. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida.
En las puertas automáticas, miró hacia atrás. El mundo se inclinó ligeramente, su visión se volvía gris por los bordes debido al dolor y la pérdida de sangre, pero se obligó a mantenerse erguido.
Vio a Evelyn apoyando la cabeza contra la pared, escuchando al médico. Parecía pequeña. Destrozada. Y totalmente inalcanzable.
Alexander salió a la lluvia.
Sabía, en lo más profundo de su ser, que acababa de cometer el mayor error de su vida.
El divorcio ya no era solo algo sobre el papel.
Estaba en su alma.
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