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Capítulo 378:
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«Grace, tu madre es increíble. La forma en que te cuida… trayéndote leche caliente todas las noches. Así es como se ve el amor de verdad».
Al no haber experimentado nunca ella misma una familia unida, Adrianna creció con unos padres que se sumergían en sus carreras y la dejaban valerse por sí misma desde muy pequeña.
«Sí, mi madre es maravillosa», dijo Grace con voz suave. Apreciaba de verdad la calidez que Julia aportaba a su vida.
A cada paso, la curiosidad de Adrianna se desbordaba mientras observaba cada rincón de la habitación de Grace. La emoción de ver dónde vivía su heroína le hacía brillar los ojos. Su mirada se posó en los bocetos esparcidos por el escritorio. Fue entonces cuando se dio cuenta: su amiga era ahora la diseñadora estrella del Grupo Pearson.
Una oleada de asombro invadió a Adrianna, y no pudo evitar exclamar: «Grace, estos bocetos de joyas son preciosos. Ojalá pudiera ser yo quien los luciera».
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Grace le dedicó una sonrisa pícara. «Qué curioso. De hecho, estaba buscando a alguien que me hiciera de modelo».
«Espera, ¿hablas en serio? ¿De verdad necesitas una modelo?».
«Así es. Hay un desfile de joyería dentro de poco y voy a presentar mi colección», respondió Grace, casi con total naturalidad.
«¿En serio? ¿Aún no has elegido a nadie? ¿Crees que serviría?». Adrianna se iluminó de emoción, intentando contenerse.
«¿Te estás ofreciendo como mi modelo?», preguntó Grace, ladeando la cabeza. «¿Alguna vez has intentado desfilar por una pasarela?».
Un rubor se apoderó de las mejillas de Adrianna, pero asintió con la cabeza. «He tomado algunas clases. No he hecho nada importante, nada oficial. Se me ha escapado sin más. No tienes por qué tenerlo en cuenta».
Una oleada de vergüenza invadió a Adrianna al darse cuenta de lo atrevida que acababa de sonar. Su voz delató el anhelo que solía ocultar: desde que se le curó la cara, estaba deseando probar cosas que antes creía imposibles. Subirse a una pasarela le parecía la prueba definitiva, una oportunidad para demostrarse a sí misma que podía brillar.
Sin embargo, no se trataba de un evento local cualquiera. Llevar el nombre del Grupo Pearson significaba que cada movimiento contaba. Cualquier error tendría repercusiones que irían mucho más allá de su propio orgullo.
Grace, por su parte, no mostró ningún signo de vacilación. «¿Sabes qué…? En realidad, es perfecto. Te contrataré como modelo. Me ahorra la molestia de tener que buscar a otra persona por todas partes».
Norah siempre había sido su primera opción. Con su presencia elegante y sus años de experiencia, podía convertir cualquier desfile en un espectáculo. Sin embargo, la idea de trabajar con alguien nuevo le despertaba una emoción especial.
Para Grace, no había nada mejor que ver cómo sus diseños sacaban lo mejor de una persona corriente: dejar que el arte transformara a la modelo, y no al revés. Las modelos glamurosas solían acaparar toda la atención, pero la visión de Grace daba un giro al guion: sus creaciones estaban pensadas para hacer brillar a la persona que las llevaba.
«Espera. ¿Voy a ser tu modelo? ¿En serio?», preguntó Adrianna con voz temblorosa, entre la esperanza y los nervios.
Sin inmutarse, Grace asintió con la cabeza para tranquilizarla. «Confía en mí, crearé el conjunto perfecto solo para ti. No te preocupes, lo harás genial».
Para Grace, diseñar joyas que captaran la energía y la presencia de quien las llevaba siempre había sido su punto fuerte.
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