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Capítulo 309:
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Grace se negó a bajar el telón todavía. Si sus rivales querían un enfrentamiento, les daría todo un espectáculo.
Gianna intervino, con voz lo suficientemente alta como para que todos la oyeran: «Te vi empujarla, Grace. Es imposible que Beatrice, que siempre es tan cautelosa, simplemente tropezara y se cayera en un lugar tan concurrido como este».
Las lágrimas corrían por el rostro de Beatrice mientras se aferraba a Johnny. «¿Por qué iba a poner en peligro a mi propio bebé? Johnny, estoy aterrorizada. ¿Y si le pasa algo horrible a nuestro bebé?».
Grace ladeó la cabeza y miró a Beatrice a los ojos, con un tono cortante y directo. «Es curioso: si estás tan desesperada por conservar tu lugar en esta familia, ¿por qué utilizas a tu propia hija para manchar mi nombre?». Sin darle a Beatrice oportunidad de protestar, continuó: «Que la examine un médico. Y ya que estamos, averigüemos si esa sangre es realmente suya».
Las insinuaciones y sospechas salpicaban las palabras de Grace, pero Beatrice y Gianna mostraban expresiones de perfecta calma, como si ya hubieran ensayado cada frase.
Sin perder tiempo, Gianna sacó su móvil. «El doctor Pérez está de camino. ¡No creas que te vas a librar aunque Beatrice esté bien!»
La preparación había sido su aliada; Gianna y Beatrice se habían asegurado de que Danny Pérez, el médico de familia, respaldara su versión y mantuviera la historia coherente. Querían destruir la reputación de Grace, decididas a convencer a todo el mundo de que bajo su aspecto juvenil se escondía una naturaleza fría y despiadada.
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El incidente ocurrió en una parte de la casa donde no llegaban las cámaras.
Gianna se erigía como única testigo, señalando obstinadamente con el dedo a Grace. Con el médico de familia dispuesto a corroborar su versión, su plan parecía infalible. Quizá no conseguirían que encerraran a Grace, pero se asegurarían de que sus días en aquella casa estuvieran llenos de sufrimiento.
La urgencia se colaba en la voz de Johnny mientras acunaba a Beatrice. «Esperemos al médico, ¿vale?». El caos y la impotencia se disputaban en su mente.
La preocupación por Beatrice le carcomía por dentro, aunque una parte de él se resistía a creer que Grace pudiera tener la culpa.
«No te estreses, Johnny. Ya he llamado al doctor Pérez», dijo Gianna con calma.
Julia se apresuró a acudir al lugar, con el rostro ensombrecido por la preocupación. El impulso de defender a su hija se entremezclaba con la incertidumbre sobre cómo intervenir.
Una mano firme de Rodger impidió que Julia diera un paso adelante. La instó a observar, manteniéndose en silencio pero prometiéndose, en su interior, proteger a Grace si las acusaciones resultaban ciertas.
La voz de Grace rompió la tensión. «En lugar de llamar a cualquier médico de familia, ¿no deberíamos traer al mejor? Al fin y al cabo, Beatrice es frágil y algún día será la esposa de Johnny. ¿Por qué no llamamos a un especialista de primer nivel?».
Ese único comentario, lleno de rebelión juguetona, provocó una oleada de inquietud en Gianna y Beatrice. Sus planes, cuidadosamente trazados, de repente parecían mucho menos seguros.
Un chasquido seco de los dedos de Grace marcó el momento. Una ambulancia se deslizó por el camino de entrada, totalmente equipada para emergencias.
Salieron médicos con impecables batas blancas, con Daisy Bennett al frente, una figura respetada en el ámbito de la obstetricia.
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