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Capítulo 283:
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Colton se llevó una mano a la nariz, pensativo como siempre. «¿Ahora te lleva al trabajo tu chófer?».
Ella respondió sin dudar: «El hermano James es quien conduce».
«¿No es un poco infantil que James te lleve de aquí para allá? ¿No tienes ya la edad suficiente para arreglártelas por tu cuenta?», preguntó Colton, mirándola con curiosidad.
«Que pueda hacerlo yo sola no significa que tenga que hacerlo. ¿Por qué no disfrutar de un poco de ayuda?», respondió Grace con tono sincero.
Él apretó los labios y se detuvo un instante antes de responder. «Yo mismo podría llevarte. Tu casa está justo de camino».
Grace rechazó la oferta de inmediato. «No es necesario. El trayecto de James nos viene bien a los dos».
Colton se dio cuenta de algo: para romper la coraza de Grace haría falta algo más que una conversación informal. Abandonando la sutileza, cambió de estrategia. «Aquí te pagan generosamente. Con tu sueldo y tus prestaciones, es fácil conseguir un chófer personal. Así, tu familia no sufrirá molestias. ¿No sería mejor?».
«Si de verdad quieres mejorar las cosas, simplemente conviérteme el servicio de chófer en dinero en efectivo. Lo prefiero así», respondió Grace con total naturalidad.
No hubo más discusión. Colton se quedó en silencio. La conversación había llegado a un punto muerto: simplemente no quedaba nada más que decir.
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A Colton se le escapó un suspiro de irritación mientras le hacía señas para que se marchara. «Vuelve al trabajo», murmuró, incapaz de ocultar su enfado.
Grace, desconcertada por su repentino cambio de humor, se limitó a asentir y se marchó. Al fin y al cabo, él era el jefe: lo que él dijera, ella lo acataba.
Desde una corta distancia, Dominick observó cómo se desarrollaba el intercambio y dejó escapar un suspiro silencioso. Era obvio que Colton se estaba desviviendo solo para pasar un poco más de tiempo a solas con Grace. Sinceramente, toda la situación parecía casi trágica.
Ya enfadado por la frustración, el humor de Colton se agrió aún más cuando un nuevo mensaje de su equipo apareció en su móvil: un informe sobre la prodigio de la facción del sur.
«La señal ha vuelto a aparecer: ¡está justo en tu barrio!», exclamó la voz de Ryan por el altavoz, rebosante de emoción como si acabara de hacer una captura excepcional.
Colton no perdió ni un segundo. «Lo comprobaré ahora mismo». Entrecerró los ojos mientras activaba los sistemas de su portátil, haciéndose cargo del rastreo con total soltura. Un marcador rojo parpadeante apareció en el mapa digital, situándose peligrosamente cerca de la sede del Grupo Pearson.
Pero atraparla no sería tan fácil. El objetivo se había envuelto en una armadura digital de nivel gubernamental. Aunque pudieran acotar su zona general, su ubicación exacta seguía estando exasperantemente fuera de su alcance.
Su tarea parecía sencilla sobre el papel: atravesar sus barricadas cibernéticas, fijar su posición y sacarla a la luz. Entonces, escapar sería imposible.
—¿Crees que te ha descubierto? Quizá ya te haya olido y esté merodeando por tu territorio —sugirió Ryan, con la mirada clavada en la retransmisión en directo de Colton mientras trabajaban en tándem.
—No sabría decirlo —respondió Colton, con voz firme e impenetrable. Nunca especulaba sin pruebas.
Por un breve instante, el éxito pareció inevitable: su sistema fue derribando sus barreras digitales, capa tras capa. Sin embargo, justo cuando alcanzó el umbral, su rastro se desvaneció. El marcador rojo dejó de parpadear, absorbido por el mapa.
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