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Capítulo 217:
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Sin saber nada del plan de Sophia, a Gianna le complació oírla menospreciar a Grace. Ahora que Julia y Eliana apoyaban a Grace, la posición de Gianna se sentía precaria. Tenía que mantenerse firme. Mostrándose más cercana a Sophia, le dijo: «Tía Sophia, Grace se esfuerza mucho, pero ni siquiera dando lo mejor de sí misma podría entrar en una de las mejores escuelas».
Sophia se burló. «Con el talento que tiene, ni siquiera los mejores tutores podrían pulir esa piedra».
Su conversación derivó en una alegre crítica a Grace hasta que Ethel, cansada, se retiró a descansar y cada una siguió su camino.
Incapaz de quedarse quieta, Gianna se dirigió directamente a la residencia de Rodger.
Como era una visitante habitual, pasó por el sistema de seguridad sin ningún problema. Dentro, la casa estaba extrañamente silenciosa: Julia había salido y Rodger y James probablemente estaban ocupados en la empresa.
Sorprendentemente, ni Grace ni Johnny estaban por allí, lo que dejaba a Beatrice haciendo de reina de la casa.
𝘚𝘦́ 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘦𝘦𝘳 𝘦𝘯 𝘯𝘰𝘷𝘦𝘭𝘢𝘴4𝘧𝘢𝘯.𝘤𝘰𝘮
Estaba recostada en un columpio, picoteando deliciosos dulces con absoluta tranquilidad.
«Vaya, mírate, comportándote como la señora de la casa ahora que mi tía y mi tío no están», espetó Gianna, con la irritación en aumento. A pesar del favor de Ethel, sabía que no debía pasarse de la raya allí.
Beatrice, pillada por sorpresa, moderó su actitud desafiante. «¿Qué haces aquí?», preguntó, en tono apagado.
Gianna, llevada por una oleada de superioridad, la ignoró y subió las escaleras enfadada. Su misión estaba clara: recuperar su antigua habitación, ahora invadida por las pertenencias de Beatrice, lo que avivó aún más su ira.
En cuanto entró, un hedor repugnante la golpeó como un puñetazo, lo que intensificó su asco.
Para entonces, Beatrice la había seguido arriba.
«Beatrice, ¿qué le has hecho a mi habitación? ¡Es repugnante!», exclamó Gianna. Era exactamente lo que había temido: las personas de origen humilde llevaban consigo una mancha que ningún refinamiento podía ocultar.
Cuando Gianna vivía allí, la habitación siempre había estado perfumada y llena de rosas. Ahora, todo había cambiado.
Beatrice, al recordar sus momentos embarazosos, se sonrojó de ira. Se arrepintió de haber comido aquella pasta de ajo, que ahora impedía incluso que Johnny entrara en su habitación.
«¿Tu habitación? Por favor. En esta casa, tú no eres más que una visitante de paso, mientras que yo estoy a punto de convertirme en parte de la familia. A partir de ahora, esta habitación es mía».
Una palmadita lenta y deliberada en su vientre dejó claro el mensaje de Beatrice. Su aire de suficiencia no dejaba lugar a dudas: pretendía reclamar su lugar en virtud del hijo que llevaba en su vientre.
El mensaje era claro: pronto pasaría a formar parte de la familia Holden para siempre, mientras que Gianna siempre sería solo una nota al margen.
Pocas veces alguien, aparte de Grace, había conseguido sacarla de quicio de esta manera.
En sus días de colegio, Gianna solía considerar a Beatrice una persona digna de lástima, una mujer que dejaba que Johnny librara sus batallas. Manso e inofensiva, siempre evitaba los conflictos.
Un origen humilde debería haber hecho que Beatrice fuera humilde, o al menos eso creía Gianna en su día. Resultó que toda esa mansedumbre no era más que un astuto disfraz.
La audacia había sustituido a la timidez de Beatrice, y ahora la mujer desafiaba su autoridad sin vacilar.
—Beatrice, no te hagas ilusiones. No estás a la altura de Grace —dijo Gianna, con voz fría y pragmática. Esas palabras solo hicieron que la sonrisa de Beatrice se tambaleara—. Quizá deberíamos intentar unir fuerzas de nuevo —sugirió Gianna, con un tono indescifrable.
«¿Otra vez? La última vez que formamos equipo, dejaste claro que pensabas que yo estaba por debajo de ti. ¿Eso está cambiando porque ahora te sientes amenazada?».
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