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Capítulo 154:
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En cuanto a Adrianna, sin embargo, Chloe había visto su expediente académico: nada impresionante en la columna de antecedentes. Creía que Adrianna se encontraba en lo más bajo de la jerarquía no oficial del instituto, solo una chica corriente cuyo puesto en el Briskvale High probablemente se lo había ganado a base de puro esfuerzo.
El nerviosismo de Adrianna se hizo patente cuando se apresuró a intervenir. «Grace no es así», insistió, mirando con ansiedad en dirección a Grace.
Al haber crecido en un hogar encabezado por oficiales condecorados, la vida de Adrianna estaba marcada por la disciplina y la humildad. Los logros de su familia nunca fueron algo de lo que presumir, y había aprendido desde muy temprano a mantener su origen en un segundo plano. Quería amistades basadas en una conexión genuina, no en el estatus o los orígenes.
Las palabras de su madre resonaban en su mente: «Los verdaderos amigos te quieren por cómo eres, no por tu apellido. Basta con un par de amigos de verdad para toda la vida».
Si Grace iba a sentirse avergonzada de ella, Adrianna pensó que era mejor ser sincera. Al fin y al cabo, Grace era la única persona que la había ayudado a deshacerse de sus antiguas inseguridades y a encontrar su identidad: una amiga como ninguna otra.
Los labios de Grace esbozaron una suave sonrisa. «Así es», respondió en voz baja. «Lo que importa es quién eres, no tu árbol genealógico».
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Ella sabía mejor que nadie lo poco que debía importar el origen: sus propios comienzos habían sido en un orfanato, y nunca juzgaría a alguien procedente de una familia buena y honrada.
La suave sonrisa de Grace, junto con sus amables palabras, llenó a Adrianna de una reconfortante calidez.
Una oleada de afecto hizo que el corazón de Adrianna diera un vuelco. Si no tenía cuidado, acabaría idolatrando a Grace sin más.
Chloe puso los ojos en blanco ante todo aquel espectáculo, sin molestarse en ocultar su enfado. «Vaya, qué amistad tan conmovedora la que hay aquí, casi me echo a llorar. Escucha, Beatrice está empeñada en conseguir esa crema de belleza. Si se la niegas, Johnny se va a poner furioso y la vida con los Holden se te va a poner fea».
Ante eso, Grace arqueó una ceja. «¿Se me va a poner fea? Te das cuenta, ¿verdad? Mi madre me adora con locura; nunca ha sido de las que favorecen a los hijos varones. A mí me miman mucho más de lo que jamás han mimado a Johnny».
En el pasado, Grace quizá habría dudado de su lugar, pero ahora no había duda alguna: Julia la trataba como a una princesita, colmándola de amor y lujos.
Continuó, con un tono pícaro en la voz. «¿No te has enterado de la última queja de Johnny a Beatrice? Mi madre es miembro platino en todas las grandes casas de diseño. Los zapatos, los bolsos, la ropa que me compra… todo es de edición limitada, comprado en conjuntos. Johnny solo recibe ese tipo de atención en Navidad y en sus cumpleaños».
Cuando se trataba de mujeres como Chloe, nada funcionaba mejor que destacar precisamente aquello que más anhelaban.
Furiosa, Chloe soltó un bufido. «Niña mimada», espetó, con los celos a la vista, pero no tuvo más remedio que marcharse enfadada.
Justo cuando se daba la vuelta para irse, la voz de Grace resonó, fría y clara. «Y Chloe, quizá quieras decirle esto a Beatrice: si ha traicionado a Johnny, más le vale estar preparada para la venganza. No digas que no te lo advertí con antelación».
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