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Capítulo 111:
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Gianna se quedó paralizada, con la boca abierta de asombro. ¿Había oído mal? No, no era eso. Era increíble.
Kevin no tenía ningún interés en discutir. El tiempo se les escapaba de las manos. Se volvió hacia Grace con respetuosa serenidad, instándola en silencio a que tomara la iniciativa.
«Voy a entrar ahora. No te preocupes por la tía Eliana. No dejaré que le pase nada», dijo Grace con seguridad, lanzando una mirada tranquilizadora a sus padres.
«De acuerdo, adelante. ¡Confío en ti!», respondió Julia, con la voz llena de orgullo y confianza.
Rodger, aunque visiblemente sorprendido, no era tonto. Al observar la reverencia que el médico mostraba hacia su hija, comprendió una cosa con claridad: Grace no solo era capaz. Era extraordinaria.
Con eso, Grace y Kevin se dirigieron rápidamente hacia la sala de preoperatorio, con sus pasos resonando por el pasillo mientras el resto de la familia Holden se quedaba atrás, en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
Gianna estaba sentada con rigidez, con una expresión de incredulidad en el rostro. No podía comprender cómo alguien criado en un orfanato podía poseer unas habilidades médicas tan avanzadas.
La idea le carcomía por dentro. Quizá Grace había seducido a Kevin para que la respaldara. No sería la primera vez que una mujer guapa utilizara su encanto para ganar influencia. Tal vez todo esto formara parte de su plan: ganarse la confianza de la familia Holden y asegurarse la gratitud de Eliana y Claire.
Cuanto más lo pensaba, más creíble le parecía. Kevin era joven y soltero, así que tenía sentido que Grace lo hubiera cautivado.
Tras más de quince horas de esta intervención extremadamente difícil y sofisticada, la luz del quirófano por fin se apagó.
Al poco rato, sacaron a Eliana en una camilla.
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—¿Cómo está mi madre? —preguntó Claire, con la preocupación grabada en el rostro.
Inmediatamente, el resto se reunió a su alrededor.
—No te preocupes, la operación ha salido muy bien —respondió Grace, quitándose la mascarilla.
Tras las agotadoras horas en el quirófano, Grace no podía ocultar el cansancio en su rostro. Claire, Carl y los demás la seguían de cerca mientras las enfermeras llevaban a Eliana en camilla de vuelta a su habitación del hospital.
Solo Julia y Rodger se quedaron atrás, con la mirada nublada por la preocupación mientras velaban por su hija.
«Debes de estar agotada, cariño», dijo Julia en voz baja, guiando a Grace hacia una pequeña sala de descanso al final del pasillo. «Has estado de pie durante horas… He traído sopa y bollos. Ven, siéntate. Tienes que comer algo».
La sala de descanso estaba en silencio y tranquila: uno de esos raros momentos en los que el tiempo se ralentizaba lo justo para poder respirar.
«Gracias, mamá», murmuró Grace, fijando la mirada en la comida con un destello de gratitud.
Había realizado innumerables operaciones antes, algunas que se prolongaban casi dos días enteros. Hacía tiempo que se había acostumbrado a soportar el hambre, los dolores y el agudo aguijón del agotamiento.
Pero esta vez, tenía a su familia a su alrededor, rodeándola de cariño y calidez.
Tomó una cucharada de sopa. No tenía la delicadeza de una cocina de cinco estrellas, pero sabía a hogar, y eso significaba más de lo que la perfección jamás podría significar.
» «Tontita, no hace falta que me des las gracias», sonrió Julia, con la voz rebosante de cariño. «Eres mi mayor alegría. Pero aun así… no quiero que te quedes en este campo. Es demasiado agotador».
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