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Capítulo 439:
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La ansiedad de Isidora dio paso al instante a la preocupación por su amiga. «¿Estás bien?».
«Estoy bien», dijo Joy con una risita desdeñosa. «Ese no es el secreto».
Bajó la voz. «Se trata de Celine y Sloane Kensington. ¿Sabes que Sloane solía despreciar a Celine, y que Celine siempre intentaba ganarse su favor? Pues bien, desde que volvieron del complejo turístico, son uña y carne. Y acabo de oír por casualidad a Celine hablando por teléfono con Sloane…»
Joy hizo una pausa para crear suspense.
«Decía que la misteriosa nueva novia de Cedrick tuvo una cita a ciegas a sus espaldas».
Esas palabras golpearon a Isidora como un puñetazo en el pecho. Se le cortó la respiración. Ya no se trataba de un malentendido privado, ni de un vídeo que solo hubiera visto un puñado de personas. Era un rumor en toda regla que se extendía como la pólvora por su círculo social. Incluso Joy lo había oído.
La confusión que había sentido ante la invitación de Ezra se desvaneció, sustituida por una claridad fría y aguda. Lo que un momento antes le había parecido una petición innecesaria, ahora se sentía como un salvavidas. Era su única oportunidad de llegar a la fuente antes de que el fuego se propagara aún más.
Sus dudas se evaporaron por completo. Tenía que ir. Necesitaba entrar en aquella sala y averiguar exactamente quién había empezado todo esto… y hasta dónde se había extendido ya.
Isidora empujó la pesada puerta de roble insonorizada.
La tenue luz de la sala VIP de Soho House se derramó sobre sus zapatos rayados. El aire del interior le golpeó la cara como un muro físico: cargado del aroma del caro whisky Macallan y de algo más oscuro, algo que agudizó cada nervio de su cuerpo.
Ezra Ramírez estaba encaramado en un taburete de terciopelo cerca de la entrada. Al ver su amplia gabardina y su intenso maquillaje teatral, soltó un silbido agudo y burlón.
T𝘂 𝗽r𝘰́xi𝘮𝖺 𝗅е𝗰𝘵𝘶𝘳a 𝗳𝗮𝘷𝘰𝗿𝗂𝘁𝘢 𝖾st𝗮́ e𝘯 n𝗈vе𝗅а𝘴4𝗳𝗮𝗻.𝘤o𝘮
Isidora lo ignoró. Sus ojos pasaron por alto la barra y se fijaron en las profundas sombras del fondo de la sala.
Cedrick Garrison estaba hundido en un sofá de cuero negro, con una copa de cristal llena de un líquido ámbar y hielo derretido en la mano. Llevaba la corbata aflojada. Los dos botones superiores de la camisa estaban desabrochados. La presión oscura y asfixiante que irradiaba de él hizo que a Isidora se le erizara el vello de los brazos.
Ezra se deslizó del taburete sin dirigirle una sola palabra a Cedrick. Se limitó a sonreír, levantó su copa hacia Isidora y pasó junto a ella.
—Buena suerte —susurró, con el aliento rozándole la oreja.
Salió al pasillo. La pesada puerta de roble se cerró tras él. El cerrojo hizo clic.
Ese sonido agudo y metálico resonó en el silencio sepulcral de la habitación. El corazón de Isidora le latía con fuerza contra las costillas. Estaba encerrada en una jaula con un depredador.
Cedrick no dijo nada. Sus ojos inyectados en sangre y gélidos la miraban fijamente a la cara, sin pestañear, fijándose en la base de maquillaje espesa y pastosa y en las pecas artificiales.
Isidora obligó a sus piernas a moverse. Sentía las rodillas como si estuvieran llenas de arena húmeda. Caminó hacia el único sillón situado frente a su sofá, desesperada por establecer una barrera física entre ellos.
Antes incluso de que pudiera doblar las rodillas para sentarse, Cedrick se movió.
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