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Capítulo 1537:
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A las ocho de la tarde, Stella sirvió con delicadeza la sopa en un cuenco y colocó la vajilla limpia sobre la mesa del comedor. Tras una breve pausa, se sentó en una silla y esperó en silencio.
Como no tenía ni idea de cuándo volvería William, sirvió solo un cuenco y dejó el resto calentándose en la estufa. A medida que pasaban los minutos, una sensación de inquietud se apoderó de su pecho: estaba ansiosa por su regreso y, al mismo tiempo, profundamente asustada. El choque de esas emociones la dejaba inquieta, incluso consigo misma.
Hacia las ocho y media, se oyó el zumbido de un motor de coche fuera. Momentos después, se apagó y se oyeron pasos en la entrada. Stella contuvo instintivamente la respiración, con todos los nervios a flor de piel.
Poco después, William apareció en la puerta del comedor. Sus ojos se posaron en Stella.
Ella esbozó una sonrisa forzada, con una expresión ligeramente tensa. —Ya has vuelto. Esta es la sopa de pollo que he preparado. Te ayudará con tu lesión. ¿Quieres un poco? —En cuanto las palabras salieron de sus labios, su corazón comenzó a latir con fuerza, con una mezcla de esperanza e inquietud.
La voz de William sonó ligeramente ronca, con un tono de frío desdén. —No es necesario.
Tasha dio un paso al frente de inmediato. —Sr. Briggs, la Sra. Russell se levantó temprano para prepararle esta sopa. Le ha dedicado mucho tiempo…
Antes de que pudiera terminar, William la interrumpió con voz desprovista de toda calidez. —Ya te lo he dicho. No la necesito.
Esa respuesta distante hizo que el corazón de Stella se hundiera.
William se dio la vuelta para marcharse. Sin pensarlo, Stella se puso en pie. —Sé que todavía estás enfadado, pero esto te ayudará. Tu espalda necesita una alimentación adecuada. Sin darse cuenta, sus palabras transmitían urgencia y una silenciosa sensación de agravio.
William se detuvo y se volvió lentamente hacia ella.
Vestido con un traje gris oscuro, su pálida tez resaltaba aún más, y el frío que irradiaba hizo que Stella se estremeciera a pesar suyo. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios. «Stella, ¿de verdad crees que esto me engañará de nuevo? ¿Cocinas un poco de sopa, finges preocupación y crees que borraré todo lo pasado?».
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—No era mi intención…
Quería explicarse, pero no sabía por dónde empezar. Lo que quería decir era que su preocupación por él era sincera, que nunca volvería a robar esos documentos. Pero nada de eso importaba. Tal y como él había dicho, no confiaba en ella. En absoluto.
Su tono se volvió aún más frío. —Deja de usar esas tácticas mezquinas. ¿De verdad crees que un plato de sopa puede borrar lo que has hecho? No malgastes tus esfuerzos. No volveré a creerte. Ni una sola palabra.
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