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Capítulo 1506:
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En ese momento de tensión, Marc entró de repente en sus pensamientos, el hombre que había sido tan tierno y atento en sus recuerdos, y que ahora se revelaba como un fraude calculador.
Toda su determinación y angustia de los últimos días le parecían una broma cruel.
Aún recordaba sus años universitarios, cuando Marc le había propuesto hacer puenting y ella se había negado rotundamente.
En aquel entonces, él la había abrazado y le había prometido que, si le daba miedo, no lo harían.
Stella nunca había imaginado que, en algún momento de su vida, acabaría experimentando la aterradora emoción del puenting.
«¡Tres!
Al final de la cuenta atrás del instructor, Stella no saltó. Sus pies parecían soldados a la plataforma, incapaces de moverse.
El instructor no la presionó y William permaneció en silencio a su lado.
El tiempo transcurría en silencio, solo el viento aullaba en sus oídos.
Stella apretó los ojos con fuerza, repentinamente abrumada por la necesidad de llorar.
Respiró hondo y finalmente dio ese paso adelante.
En el instante en que su cuerpo cayó, el mundo se disolvió en el caos.
El cielo y la tierra giraban violentamente en su campo de visión, y el grito de Stella se le atascó en la garganta, transformándose en un silencioso ahogo.
Sintió que su corazón casi se detenía, sintió que su sangre se convertía en hielo, como si realmente estuviera cruzando a otro reino.
Stella no tenía idea de cuánto tiempo cayó, pero la cuerda de seguridad nunca llegó a su punto de tensión.
Comenzó a alucinar, convencida de que seguiría cayendo hasta estrellarse contra la tierra.
En su terror extremo, imágenes fragmentadas comenzaron a surgir en su mente.
La figura en esos destellos no era Marc.
Stella recordó un par de brazos poderosos que la atraparon justo antes de caer, su calor impregnado de una fuerza estabilizadora que alivió gran parte de su miedo.
Una voz baja le susurró al oído: «No tengas miedo. Estoy aquí contigo».
A continuación, se produjo una explosión de fuegos artificiales que pintó el cielo nocturno de colores brillantes e iluminó un perfil nítido y distintivo.
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Luego, un acantilado escarpado, no esta torre de puenting, sino un precipicio real.
Alguien arrastró a Stella a una cueva y luego gritó con voz ronca: «Todo esto debería haber sido mío, Stella. Me lo has quitado todo, incluido el amor de William. Tienes que desaparecer de este mundo».
Las imágenes eran confusas e incompletas, como piezas de un rompecabezas esparcidas por una mesa.
Stella intentó aferrarse a esos recuerdos mientras caía en picado, pero se movían demasiado rápido como para poder distinguir claramente los rostros.
Algo presionaba su pecho, como si le estuvieran desgarrando el corazón en dos, lo que le impedía respirar mientras caía en picado por el espacio.
«¡Ah!».
Incapaz de contenerse más, gritó al acercarse al fondo, y su voz resonó en el cañón.
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