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Capítulo 1435:
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Stella se detuvo. ¿Compañera de clase?
Dudó, pero luego tomó la mano.
Charis apenas rozó los dedos de Stella antes de apartarse, como si pudiera contagiarse de algo al tocarla. Sus ojos recorrieron la sala y se posaron en William con un suave suspiro de admiración. Incluso desde ese ángulo, aunque solo viera su perfil, su anhelo era evidente.
Stella puso los ojos en blanco mentalmente. Genial. Otra enamorada de William.
Stella se alejó instintivamente unos centímetros, sin confiar en la mujer ni por un segundo. Cualquiera que mirara a William de esa manera no podía ser normal. Por lo que ella sabía, Charis podía estar tan desquiciada como Nina.
Charis se giró ligeramente y una suave risa escapó de sus labios. —Es realmente especial, ¿verdad? No hay nadie como él. Tan inteligente, tan brillante… tan deslumbrante.
Tenía los ojos fijos en William, al otro lado de la sala, como si estuviera contemplando un sueño que tenía toda la intención de hacer realidad. Stella siguió su mirada.
William parecía pertenecer a otro mundo: pulcro, poderoso sin esfuerzo, siempre a gusto en una sala llena de tiburones. No es que no fuera impresionante. Lo era. ¿Pero amable? No. La amabilidad nunca había formado parte del paquete.
Antes de que Stella pudiera pensar en cómo responder, Charis volvió a hablar, esta vez con un tono más duro.
—¿Cuánto te costaría dejarlo?
Stella parpadeó, tomada por sorpresa. —Espera. ¿De verdad estás intentando sobornarme?
Charis le dedicó una sonrisa forzada, claramente molesta por tener que explicárselo. —¿Qué otra cosa podría hacer? Solo estás con él por dinero, ¿verdad? De lo contrario, no veo por qué alguien como tú dejaría a Marc en el altar y de repente se aferraría a William.
Así que ese era su punto de vista. Dinero, poder, celos. El lío habitual. Pero lo único que Stella necesitaba en ese momento no era algo que Charis pudiera ofrecerle, ni siquiera con todo el dinero del mundo. Ella necesitaba libertad.
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Así que la miró a los ojos y le dijo con calma: «Lo siento. No puedo aceptar tu oferta».
Una pizca de irritación se reflejó en la expresión de Charis. —¿Intentas jugar duro? ¿Esperas que aumente la cantidad? —Su voz se bajó, ahora gélida—. No tientes a la suerte, Stella.
En ese momento, William vio a Stella enfrascada en lo que parecía una tensa discusión al otro lado de la sala. Su mirada se agudizó. Sin perder el ritmo, murmuró una rápida disculpa al hombre que tenía a su lado, dejó su copa y se dirigió directamente hacia ella.
Al acercarse, una frase tajante llegó a sus oídos: «No tientes a la suerte».
Se detuvo junto a ellos, con voz tranquila pero cortante. «¿Cómo está tentando su suerte exactamente?».
Charis se quedó paralizada. Ni siquiera se había dado cuenta de que él estaba allí.
Lentamente, giró la cabeza y su expresión se transformó en una suave sorpresa. —Sr. Briggs… Yo… No es nada. Soy Charis Bailey. Fuimos juntos al colegio. ¿Se acuerda?
Su voz se suavizó hasta convertirse en algo casi tímido, como si esperara que él se iluminara al reconocerla.
William le echó un vistazo rápido. Y luego dirigió su atención a Stella. —¿De qué estaban hablando ustedes dos? ¿No les dije que no entretuvieran a extraños?
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