📚 Tu biblioteca del romance 💕
✨ Nuevos capítulos cada martes y viernes
📖 ¡Nuevas novelas cada semana!
🌟 Únete a Nuestra Comunidad💡 Tip: Toca el menú de tu navegador → "Añadir a pantalla de inicio" ¡y accede como si fuera una app!
Capítulo 1331:
🍙🍙 🍙 🍙 🍙
Él la golpeó.
William Briggs, que siempre había sido un caballero y había mantenido la calma incluso cuando estaba furioso, acababa de abofetearla.
Por Stella.
William se agachó, lento y deliberadamente, y le agarró la barbilla. La obligó a mirarlo. Sus ojos eran como el hielo. —¿Creías que no lo sabía? —dijo con frialdad—. ¿Creías que podías seguir tramando a mis espaldas y que yo no me daría cuenta?
Se inclinó hacia ella, con voz baja y venenosa. «Te di una oportunidad en la villa. Te dije que te mantuvieras al margen. Pero no me escuchaste».
Luego se puso de pie e hizo un simple gesto con la mano. Uno de los hombres arrastró un cubo. Nina apenas tuvo tiempo de percibir el olor antes de que le echaran el contenido encima.
El agua salada helada y maloliente la empapó de pies a cabeza.
«¡Ahhh!».
Gritó, jadeando por el frío, con todo el cuerpo temblando incontrolablemente. Con el pelo pegado a la cara, el maquillaje corrido y el vestido arruinado, parecía completamente destrozada.
Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras se derrumbaba sobre el suelo frío y húmedo, sollozando.
«William… ¿cómo puedes hacerme esto?», gritó. «Te estás mintiendo a ti mismo. Dices que la odias, que te estás vengando, pero mírate. Entras en pánico en cuanto ella sufre. Te aterra perderla. Sigues queriéndola, ¿verdad?».
Las palabras le atravesaron el corazón, rompiendo el muro que había construido a su alrededor. Porque eran ciertas.
Y esa verdad, esa fea e innegable verdad, solo hizo que su rabia se intensificara aún más.
No necesitaba que Nina se lo explicara con detalle.
No necesitaba que ella desmontara la única mentira que aún se permitía creer. Aunque fuera un autoengaño… era suyo.
Historias exclusivas en ɴσνєℓα𝓼𝟜ƒα𝓷.𝒸ø𝓂 que te atrapará
Sus ojos se enrojecían, la furia crecía rápida y violentamente. El aire de la habitación cambió, pesado, sofocante.
—Cállate —gruñó con voz baja y peligrosa.
Nina se quedó paralizada, con el terror reflejado en su rostro.
Sin decir nada más, William sacó su teléfono y marcó un número. —Luca. Corre la voz: nadie debe trabajar con Daniel Carter. Cualquiera que lo haga se enfrentará al Grupo Briggs. —Su tono era gélido—. Quiero que Daniel quede acorralado. Destrozado. Asegúrate de que declare la quiebra en tres días.
La empresa de Daniel no tenía nada que ver con Lance ni con Karson. La había construido él solo, años atrás, decidido a demostrar su valía a Karson.
Y, para ser justos, había logrado algo. Se había hecho con una parte considerable del panorama empresarial de Choria.
¿Pero para William? Seguía siendo solo ruido de fondo.
Al otro lado de la línea, Luca respondió sin dudar. «Entendido, señor Briggs. Me encargaré de ello inmediatamente».
William terminó la llamada y se volvió para mirar a Nina. Su rostro se había puesto pálido como el de un fantasma. Y, a sus ojos, ella ya era una extraña. No había calidez. Ni ternura. Solo una distancia fría y limpia.
.
.
.