📚 Tu biblioteca del romance 💕
✨ Nuevos capítulos cada martes y viernes
📖 ¡Nuevas novelas cada semana!
🌟 Únete a Nuestra Comunidad💡 Tip: Toca el menú de tu navegador → "Añadir a pantalla de inicio" ¡y accede como si fuera una app!
Capítulo 1319:
🍙🍙 🍙 🍙 🍙
Cada palabra que salía de su boca la golpeaba como una bofetada, aguda e implacable. Se sentía como si se estuviera ahogando, como un pequeño bote atrapado en una tormenta que no podía navegar. Sin ancla. Sin salida.
Recuerdos fragmentados y desarticulados afloraron en su mente, provocados por la voz de él. Los que Marc había enterrado. Los que ella no podía retener el tiempo suficiente para darles sentido, pero que tampoco podía bloquear.
El Marc que ella recordaba era amable. Atento. Seguro.
¿El Marc que describía William? Frío. Calculador. Un mentiroso.
Entonces, ¿cuál era el verdadero?
Los ojos de Stella ardían de incredulidad. —Basta. Cállate —logró articular—. No te creo. Eres un monstruo, lo tergiversas todo. ¡Fuera! ¡Fuera!
Ella estalló, lanzándole todo lo que tenía a mano: almohadas, libros, el mando a distancia. No importaba. Se los arrojó con frenesí, como un animal atrapado que se defiende.
William no se apartó. Se quedó allí, dejando que su ira se estrellara contra él.
Ella no estaba preparada para afrontar la verdad. Él lo veía claro como el agua.
Y, por un segundo, una parte retorcida de él había disfrutado viéndola derrumbarse.
¿Pero ahora? Ahora, lo único que sentía era un dolor profundo en el pecho.
Esto, su dolor, era culpa suya. Él había encendido la mecha.
¿Acaso conocer la verdadera naturaleza de Marc le había hecho tanto daño?
Y aún así… cuando la almohada le golpeó, algo se rompió en su interior. Maldijo entre dientes.
Entonces, antes de que ninguno de los dos pudiera pensar, acortó la distancia, la agarró por el cuello y la empujó sobre la cama.
—¿Me llamas sucio? —gruñó, con la cara a pocos centímetros de la de ella—. Entonces, ¿qué eres tú, Stella? Estás aquí conmigo. Me dejas tocarte. Así que, si yo soy sucio… pudramos juntos.
Tu novela favorita continúa en ɴσνєℓα𝓼𝟜ƒα𝓷.c○𝓂 para ti
Se le cortó la respiración. Esa mirada en sus ojos, desquiciada, intensa, era la misma que aquella noche. Sabía adónde iba a parar aquello.
El miedo la invadió. Antes de que él pudiera volver a moverse, ella giró la cabeza y le mordió el hombro con fuerza.
William se estremeció, el dolor se reflejó en su rostro, pero no retrocedió. No se detuvo.
Si morder era lo que hacía falta, que así fuera. Si estaban destinados al odio, que fuera absoluto. Al fin y al cabo, el odio duraba más que el amor.
Una hora más tarde, Stella se derrumbó sobre la cama, completamente agotada. Apretó la cara contra la almohada, ahogando sus sollozos entrecortados.
Su mente era un caos: las palabras venenosas de William y la suave sonrisa de Marc chocaban una y otra vez, palpitando detrás de sus ojos hasta que pensó que su cabeza se partiría.
«Por favor», rezó, con palabras silenciosas y desesperadas. «Que esto sea una pesadilla. Déjame despertar y que nada de esto sea real».
Cuando William finalmente se levantó, salió del dormitorio sin mirar atrás y se encerró en el estudio.
Sentado detrás de su escritorio, su mente se inundó con el sonido de los sollozos desesperados y agonizantes de Stella de momentos antes. Apretó la mano hasta que sus nudillos se pusieron blancos antes de golpear con fuerza la mesa, con un sonido agudo y definitivo.
.
.
.