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Capítulo 1318:
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Ahora no había burla en sus ojos, solo una convicción cruda y profunda.
Realmente creía que Marc no era digno.
«Tú… estás mintiendo…», dijo con voz quebrada. Intentó empujarlo, pero estaba demasiado débil, demasiado agotada. Las lágrimas resbalaban por sus dedos, que seguían curvados bajo su barbilla. «No lo calumnies…».
William soltó una risa sin humor. ¿Cómo podía ser tan ingenua?
«¿Difamar?», repitió él. «¿Crees que ese hombre es inocente? ¿Quieres que te muestre lo que te ha estado ocultando todo este tiempo?».
¿No había dicho ella que lo había olvidado todo? Entonces quizá recordárselo, sacarlo todo a la luz, no era una crueldad. Sería un favor.
Una aguda emoción recorrió a William al pensarlo. Desenmascarar a Marc. Arrancarle esa máscara pulida a la que Stella se aferraba. Dejar que viera exactamente con quién había estado a punto de casarse.
¿No sería esa la venganza perfecta?
William le soltó la barbilla, pero la frialdad de sus ojos no se suavizó en absoluto. La miró como alguien que descubre una mentira capa a capa.
—¿Crees que tú y Marc eran una historia de amor perfecta? —Su voz era baja, cada palabra cortante—. ¿De verdad crees que estuviste dos años en una cama de hospital después de un accidente de coche?
Stella parpadeó, atónita. Un leve dolor le latía detrás de las sienes, como si algo profundo en su memoria se hubiera despertado de golpe.
William no se detuvo. —Estabais casados, Stella. Casados. Y mientras tú te matabas a trabajar en tu investigación, él te engañaba, una y otra vez. Te robó tu trabajo. Te traicionó de todas las formas posibles.
Se le cortó la respiración. Sus dedos se aferraron a las sábanas. Sentía como si su mente se estuviera dividiendo, con destellos de algo oscuro e insoportable parpadeando en el borde de su visión.
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«No… para. Esto no es real». Sacudió la cabeza con fuerza y se tapó los oídos con las palmas de las manos. «Estás tergiversando las cosas para hacerme daño. ¡No te creo!».
William le bajó las manos de nuevo, sin dejar que se escondiera. «No estuviste en coma durante dos años. Eso fue una mentira suya. Estuviste divorciada durante dos años».
Todo su cuerpo temblaba. «No. No, no, no…».
Stella sacudió la cabeza con fuerza, como si pudiera expulsar las palabras de su mente. Su visión se nubló, sus pensamientos ya no estaban embotados por el alcohol, sino enredados en una tormenta de confusión e incredulidad. «Estás mintiendo…», gritó, con las manos apretadas sobre los oídos como una niña que se niega a escuchar. «Solo quieres que lo odie. Estás tergiversando todo, ¡esto no es real!».
William se agachó ligeramente para mirarla a los ojos, con una expresión lo suficientemente aguda como para atravesar su negación. «¿Crees que miento? Bien. Ven conmigo mañana al juzgado. Comprueba los registros. Tu estado civil es público».
Nunca la había juzgado. Sinceramente, sentía lástima por ella, por la versión de ella que amaba al hombre equivocado y pagaba el precio.
Pero ¿qué había conseguido él con eso? El pensamiento despertó algo más oscuro en él.
Verla luchar con la verdad, verla rechazarla, algo en él se rompió.
«¿Crees que sigues siendo especial para él? ¿Que te hizo olvidar todo porque te ama? Deja de mentirte a ti misma, Stella. Si no siguieras sirviéndole para algo, Marc te habría echado hace mucho tiempo».
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