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Capítulo 1290:
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Luca había estado tratando de averiguar qué había sucedido durante el mes en que William desapareció, pero hasta ahora… nada. Era como si alguien hubiera borrado toda la línea temporal.
Había hablado con Steven todos los días. Habían compartido pistas. Comparado indicios. Y aún así, nada.
A este ritmo, podrían pasar el resto de sus vidas buscando y no encontrar nada.
Pero si se rendían… ¿qué pasaría entonces?
Luca pensó en preguntarle directamente a William.
Inmediatamente lo descartó. ¿La expresión de su rostro en ese momento? No era la de alguien dispuesto a hablar.
Sobre la mesa, la pantalla del ordenador parpadeaba. La mirada de William estaba fija en la retransmisión en directo. Stella estaba acurrucada en un rincón de su habitación otra vez, apenas se movía, con los hombros temblando.
Ella le había dicho que nunca sería feliz. Que pasaría su vida solo.
Apretó la mandíbula.
¿Creía que podía maldecirlo así sin más? Muy bien.
Si él caía al infierno, la arrastraría con él. Para siempre.
Su voz se volvió grave y aguda. —La reunión de la tarde se mantiene según lo previsto. Y quiero todos los borradores de los otros equipos en mi escritorio antes de que acabe el día.
Luca contuvo un suspiro. Se avecinaba otra «masacre».
La noche se instaló, densa y silenciosa. La villa en las afueras parecía más una reliquia olvidada que un hogar, envuelta en la oscuridad, aislada del mundo.
Dentro, Stella estaba sentada en el borde de la cama, con los brazos alrededor de las rodillas. No había comido nada. Ni siquiera había bebido un sorbo de agua. Su cuerpo se estaba apagando, y su espíritu aún más.
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Ya no lloraba. Esa parte de ella ya se había agotado.
Ahora solo quedaba el dolor. Y el silencio.
Como si estuviera atrapada dentro de su propio cuerpo, incapaz de salir.
Se oyeron pasos en el pasillo. No era la criada. No era William. Era Luca.
Llamó una vez a la puerta y luego la abrió. Ella no la había cerrado con llave. Probablemente ni siquiera se le había ocurrido.
Luca entró con una gran caja de regalo cuidadosamente envuelta en los brazos. Se detuvo, con una expresión tensa e indescifrable.
Junto a la ventana, Stella estaba sentada, acurrucada, inmóvil. Su rostro estaba pálido como el de un fantasma. La chispa que solía iluminar sus ojos había desaparecido hacía tiempo, sustituida por una especie de vacío silencioso que le retorcía el pecho.
No sabía cómo había llegado a estar tan mal. O tal vez sí lo sabía, pero saberlo no hacía que fuera más fácil de ver.
Como asistente de William, tenía sus órdenes. Esa era la línea. Ese era el trabajo. Pero al verla así, sintió el peso de ello presionándole más fuerte que de costumbre.
La miró un momento más y luego bajó la vista.
La conocía desde hacía tiempo y sabía que ella se preocupaba por William. Lo amaba. Si no fuera por la pérdida de memoria… no habría vuelto con Marc. De eso estaba seguro.
Pero ahora estaban atrapados. Atrapados en ese retorcido nudo de dolor y silencio.
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Nota de Tac-K: Pasen un súper fin de semana queridas personitas. Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. (˵ •̀ ᴗ – ˵ ) ✧
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