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Capítulo 1271:
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William respiró hondo y obligó al caos que se había apoderado de su pecho a calmarse.
Se dio la vuelta y la agarró sin dudarlo, levantándola del sofá con un agarre frío e inflexible. Sin decir una palabra, la llevó al dormitorio principal de arriba y la encerró dentro.
Esta vez, Stella no se resistió. Como una cometa rota, su espíritu ya se había alejado hasta quedar fuera de su alcance.
Cuando William volvió a bajar, el teléfono de Stella yacía boca abajo en el suelo, con la pantalla aún iluminada con el nombre de Marc. Irritado, lo borró sin pensarlo dos veces.
De repente, el teléfono cobró vida, su vibración se sintió con fuerza en la palma de su mano y un tono agudo rompió el silencio.
En la pantalla apareció un nombre que le resultó vagamente familiar: Josie.
Se quedó en silencio, mirando el teléfono que seguía sonando en su mano. Una llamada seguía a otra, cada tono revelaba la creciente desesperación de la persona que llamaba.
El sonido le irritaba, perforando los nervios de William como innumerables agujas diminutas.
¿Estaban tratando de localizarla? ¿O planeaban enviarla de vuelta con Marc?
Solo pensar en ello encendió algo salvaje en su interior.
Nunca más permitiría que nadie se la quitara, ni dejaría que se pusiera en contacto con Marc de ninguna manera.
Ella ya no era libre. Era su cautiva, su posesión, obligada a quedarse hasta que su venganza se agotara y su ira se calmara.
El teléfono siguió sonando hasta que William levantó la mano y apretó con fuerza el botón de encendido con el pulgar.
El tenue resplandor de la pantalla mostró el mensaje de apagado durante un breve segundo.
Sin dudarlo ni un instante, deslizó el dedo por la pantalla.
La luz se apagó, el sonido se interrumpió y el silencio que siguió fue absoluto.
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El mundo parecía haberse detenido. Incluso el aire se sentía pesado, como si contuviera la respiración.
Guardó el teléfono de Stella en su bolsillo y la villa se sumió en un silencio sofocante.
Arriba, Stella estaba acurrucada en el frío suelo, con el vestido de novia rasgado y arrugado a su alrededor.
Tenía los brazos alrededor de las rodillas y todo su cuerpo temblaba como si pudiera hacerse lo suficientemente pequeña como para desaparecer.
El mármol bajo ella estaba helado, el frío se le metía en los huesos hasta tal punto que no sabía si temblaba de frío o de desesperación.
Se suponía que este iba a ser el día más feliz de su vida, pero se había convertido en algo cruel e insoportable.
Todo lo que aquel hombre había hecho le parecía una pesadilla de la que no podía despertar, algo que nunca perdonaría, ni en esta vida ni en ninguna otra.
E incluso si Marc apareciera ahora para rescatarla, ¿la seguiría mirando de la misma manera?
¿Seguiría amando a una mujer que había sido tocada, mancillada, destruida?
El pensamiento se retorcía dentro de ella, agudo e insoportable. Se miró los brazos, rojos, en carne viva, temblando, y se frotó la piel hasta que le ardió.
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